Álvaro Solís, México
Poemas
SOLÍS RESPONDE
No sabes lo que cuesta,
nadar entre los muertos,
sin latido ya dentro del pecho
con una voz diciéndote al oído,
que nades, que no te distraigas
con las mariposas que se han perdido en el mar
buscando una flor debajo del agua.
No sabes lo que cuesta,
ser uno más de los muertos
que flotan en el agua,
ser uno más de los inertes
con facciones descompuestas
ya sin ojos, con el cuello carcomido
por los peces, con una voz diciéndote
que nades, aún sin brazos,
que contorciones tu vientre,
y aletees con los muñones
que aún te quedan.
No sabes lo que cuesta llevar mi nombre.
LAS TARDES
Había en el patio un arroyo.
La casa rodeada por pitales,
por naranjas, por limas, un viejo tamarindo
y un árbol de mango como sauce.
Había un arroyo en el patio de la casa
y pavos, y gallinas agresivas que peleaban con los perros
y perros que comían a escondidas
los zorros de la noche.
Los gavilanes sobrevolaban la casa en busca del descuido,
los gallos se escondían en los pitales
cazando al gavilán.
Todo era un círculo perfecto:
el arroyo inundaba de rumor todas las tardes
y salíamos al patio en busca de la brisa
que no siempre llegaba. Pero estábamos ahí,
y la lentitud del tiempo espantaba hasta los muertos.
¡Tardes! decía el viento,
cuando la noche era ya una sustancia inevitable.
Entonces prendíamos el monte seco
y el humo se elevaba blanquecino hasta la noche.
COMO DESPUÉS DE UN DÍA DE FIESTA
Nunca la vida más amarga
que a la mañana siguiente de la fiesta.
Agrio el sabor del primer aliento,
es inmensa la sed con que se nace,
el espasmo del vómito que niega el beneficio
de comer algún bocado.
Y la memoria inconclusa, incendia,
echa a andar la tripa hasta el siguiente vaso,
hasta la tarde, hasta asomarse a la ventana al mundo,
a la calle aprisa
que hace tiempo amaneció.
Y la casa tirada, todo inmovil oliendo a tabaco.
Toda la casa,
toda la memoria
ceniza.
VIERNES DE QUINCENA
Qué soledad tan impensable,
la de aquel que se emborracha hasta perderse,
porque nadie le espera,
o porque la que lo espera durmiendo
en uno de los lados de la cama,
no es quien habita su ebrio corazón.
Qué soledad la de aquel que se queda dormido
debajo de las desveladas mesas,
la de aquel que trastabilla al pasar el umbral,
y deja prendida la llave de la puerta
y se queda dormido en la taza del baño
hasta que alguien, a la mañana siguiente,
lo despierta diciendo:
¡Amor, el desayuno está listo!
STYX
Largo, lo que se dice hondo,
es el cauce de los ríos que no llegan al mar
y llevan en sus aguas a todos nuestros muertos.
Hondo, lo que se dice largo,
es el río que no abandona su cuenca.
Largo y hondo, lo que se dice ancho,
es el río que lleva a la amargura,
invisible por debajo de las calles
en el dolor de la madre que ha perdido a su hijo,
en el dolor del hijo que nunca conocerá a su madre.
Largo, hondo, lo que se dice invisible,
recorriendo el tiempo de la vida cotidiana,
la luz de los semáforos,
y en las llantas desgastadas de la ira,
río, invisible río,
que de tan hondo, que de tan largo
parece no llegar y llega.
Largo, lo que se dice hondo,
hondo, lo que se dice turbio,
amargo es el río que será necesario cruzar cuando anochezca.
2/4/09
16/2/09
15/2/09
Washington Cucurto
Washington Cucurto, Quilmes, Argentina, 1973
Papá se incendia
Mi padre se vuelve al catolicismo
y quiere que yo también me vuelva.
Quiere que salgamos esta tarde
con una biblia bajo el brazo
a visitar a todo su público pudiente.
Mi padre quiere que le ayude a montar
un escenario sobre el techo del Abasto.
¡Para que toda la gente lo escuche!
¡Para que toda la gente lo aclame!
Mi padre pasa hablando del amor de Dios.
¡Ay, Dios mío tendré que soportarlo!
Mi padre pasa elogiando la remera
que Daniel trajo de Inglaterra.
Mi padre pasa haciendo bromas brillantes.
Mi padre, púdico sentimental, para recién afeitado
Papá se cuelga del cartel de Coto, le agarra
la electricidad y cae sobre el asfalto mugroso.
Papá pierde el conocimiento, y cree que es
Ricardo Zelarayán.
Si no estoy mintiendo un poco, ya no odia
A Enzo Francescoli.
Es más, cree que es Enzo Francescoli
Y anda haciendo chilenas por el aire.
Papá pisa un cable de su escenario y se
incendia,
desde abajo todos le tiran baldazos de agua
y le dicen: ¡Lárgate! ¡Lárgate!
Papá se larga y sale corriendo
(¡envuelto en llamas!)
hasta Tucumán y Agüero,
para el 46 hace bajar a toda la gente y se va
con el colectivo. ¡Y el colectivero de rehén!
Papá maneja el colectivo descontrolado,
el 46 da vueltas como un trompo
hasta que se mete en el Rancho A y B
donde los bolitas bailan cumbia.
El 46 dejó un gran agujero en la tierra.
Papá desapareció.
Los ratis de la 21 todavía lo andan
buscando.
___
Poemas tomados de: Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Pág.92
Papá se incendia
Mi padre se vuelve al catolicismo
y quiere que yo también me vuelva.
Quiere que salgamos esta tarde
con una biblia bajo el brazo
a visitar a todo su público pudiente.
Mi padre quiere que le ayude a montar
un escenario sobre el techo del Abasto.
¡Para que toda la gente lo escuche!
¡Para que toda la gente lo aclame!
Mi padre pasa hablando del amor de Dios.
¡Ay, Dios mío tendré que soportarlo!
Mi padre pasa elogiando la remera
que Daniel trajo de Inglaterra.
Mi padre pasa haciendo bromas brillantes.
Mi padre, púdico sentimental, para recién afeitado
Papá se cuelga del cartel de Coto, le agarra
la electricidad y cae sobre el asfalto mugroso.
Papá pierde el conocimiento, y cree que es
Ricardo Zelarayán.
Si no estoy mintiendo un poco, ya no odia
A Enzo Francescoli.
Es más, cree que es Enzo Francescoli
Y anda haciendo chilenas por el aire.
Papá pisa un cable de su escenario y se
incendia,
desde abajo todos le tiran baldazos de agua
y le dicen: ¡Lárgate! ¡Lárgate!
Papá se larga y sale corriendo
(¡envuelto en llamas!)
hasta Tucumán y Agüero,
para el 46 hace bajar a toda la gente y se va
con el colectivo. ¡Y el colectivero de rehén!
Papá maneja el colectivo descontrolado,
el 46 da vueltas como un trompo
hasta que se mete en el Rancho A y B
donde los bolitas bailan cumbia.
El 46 dejó un gran agujero en la tierra.
Papá desapareció.
Los ratis de la 21 todavía lo andan
buscando.
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Poemas tomados de: Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Pág.92
12/2/09
Lalo Barrubia
Lalo Barrubia, (Uruguay)
Seudónimo de Rosario González, Performer, Poeta
Verano
Va a empezar otro tiempo
la luz invade
la imagen
siempre conmigo
Cuando de mañanita el hombre
me toma el pelo y me agarra
por la espalda
Toda la gran cama vacía
saliendo del hueco de los labios
toda donde su cuerpo se alarga sobre mí
con su color a tierra
Su extranjera boca
abierta
de muchas horas abierta
de muchas horas las pupilas dilatadas
y las rodillas de piedra
Ahora ya es verano otra vez
otro verano
que llegará sin piel
y así irá
también
apagándose
Y entonces volveré a usar su ropa
de hombre
como si me bañara de hombre
Caminando desnudo en la madrugada
más bello aún que con su bella ropa
abrigada
Todo su abrazo en la lluvia
todas esas cuadras
llevándome agarrada de los huesos
El verano es la fruta en sus manos
en sus dientes
su espalda en lo ancho de la playa
la cabeza empapada
El verano es la siesta luminosa
y larga
con sus puentes de arena
El verano es el sueño del verano
___
Poema tomado de: Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Pág. 42
Seudónimo de Rosario González, Performer, Poeta
Verano
Va a empezar otro tiempo
la luz invade
la imagen
siempre conmigo
Cuando de mañanita el hombre
me toma el pelo y me agarra
por la espalda
Toda la gran cama vacía
saliendo del hueco de los labios
toda donde su cuerpo se alarga sobre mí
con su color a tierra
Su extranjera boca
abierta
de muchas horas abierta
de muchas horas las pupilas dilatadas
y las rodillas de piedra
Ahora ya es verano otra vez
otro verano
que llegará sin piel
y así irá
también
apagándose
Y entonces volveré a usar su ropa
de hombre
como si me bañara de hombre
Caminando desnudo en la madrugada
más bello aún que con su bella ropa
abrigada
Todo su abrazo en la lluvia
todas esas cuadras
llevándome agarrada de los huesos
El verano es la fruta en sus manos
en sus dientes
su espalda en lo ancho de la playa
la cabeza empapada
El verano es la siesta luminosa
y larga
con sus puentes de arena
El verano es el sueño del verano
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Poema tomado de: Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Pág. 42
El Billar de Lucrecia en la XXX Fería Internacional del Libro Palacio de Minería

Ediciones El billar de Lucrecia • Poesía latinoamericana te invita a sus actividades dentro del la XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería
Lunes 23 de febrero 2009
17:00 a 17:50 hrs.
Presentación de El desasido de Néstor E. Rodríguez. Poeta de República Dominicana
Participan: Sergio Loo, Rodrigo Castillo y el autor (directamente desde otras tierras)
Novedad 2009 EBL
Sede: ANTIGUA CAPILLA
Martes 24 de febrero 2009
17:00 a 17:50 hrs.
Lectura de poesía. Ediciones El Billar de Lucrecia • Poesía Latinoamericana para jóvenes
Participan: Rodrigo Castillo, Rocío Cerón, Citlali Rodríguez
Sede: ANTIGUA CAPILLA
XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería
Tacuba 5, Centro Histórico, C.P. 06000 Ciudad de México
Etiquetas:
actividades,
EBL,
El billar de Lucrecia,
lecturas,
POESÍA DE MÉXICO
11/2/09
Germán Carrasco
Germán Carrasco,
Santiago 1971
Héctor Figueroa
Mirando las Estrellas
Trabajo como una persona sola
Como el chino y el pobre que soy
Como si quisiera surgir.
Compró cd’s de Jazz, la revista madrileña Co & Co,
Libros de Anagrama, Visor e Hiperión.
Leo a poetas tan mal editados como mal nacidos
Que van al grano como las prostitutas al dinero:
Versos punzocortantes que empiezan generalmente con
[mayúscula
Para que se sienta el martillazo
Y para camuflar la prosa pura.
Mi casa es una taberna que recibe a toda clase de amigos:
Hijos de puta que consumen mi tiempo, mis libros
Y el trago que le da sentido
A mi vida sin sentido de cartero.
A veces viene la mujer araña
A encarnarse conmigo durante días de ausencia laboral.
Me hace café, me da comida,
Limpia el baño de quinta de recreo
Y me deja vacío
Fumando, mirando las estrellas.
PARA UN APRENDIZ DE ESPAÑOL
Sonidos que raspan la garganta como ciertos sabores,
ruidos en la rugiente Babel, ritmo y rareza de una lengua
cuyo ronco raspar fricando alvéolos Retumba
cierta rudeza o rugir de raza rara, erres
tribales, endogámicas, difíciles, lo último de aprender
en una lengua como el lenguaje refinado de la poesía
o un rasposo blues, si prefieres: delirario:
diario
de lirios y delirios del guerrero en el chisporroteo del remolino
mas, ya que el desorden –como el de tu pelo sin ir más lejos
es un orden dinámico por ahí hemos de empezar: di rosa
o –Stein –una rosa es una rosa es una rosa
( de Calas)
--
Poema tomado de: Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Págs. 72-73
Santiago 1971
Héctor Figueroa
Mirando las Estrellas
Trabajo como una persona sola
Como el chino y el pobre que soy
Como si quisiera surgir.
Compró cd’s de Jazz, la revista madrileña Co & Co,
Libros de Anagrama, Visor e Hiperión.
Leo a poetas tan mal editados como mal nacidos
Que van al grano como las prostitutas al dinero:
Versos punzocortantes que empiezan generalmente con
[mayúscula
Para que se sienta el martillazo
Y para camuflar la prosa pura.
Mi casa es una taberna que recibe a toda clase de amigos:
Hijos de puta que consumen mi tiempo, mis libros
Y el trago que le da sentido
A mi vida sin sentido de cartero.
A veces viene la mujer araña
A encarnarse conmigo durante días de ausencia laboral.
Me hace café, me da comida,
Limpia el baño de quinta de recreo
Y me deja vacío
Fumando, mirando las estrellas.
PARA UN APRENDIZ DE ESPAÑOL
Sonidos que raspan la garganta como ciertos sabores,
ruidos en la rugiente Babel, ritmo y rareza de una lengua
cuyo ronco raspar fricando alvéolos Retumba
cierta rudeza o rugir de raza rara, erres
tribales, endogámicas, difíciles, lo último de aprender
en una lengua como el lenguaje refinado de la poesía
o un rasposo blues, si prefieres: delirario:
diario
de lirios y delirios del guerrero en el chisporroteo del remolino
mas, ya que el desorden –como el de tu pelo sin ir más lejos
es un orden dinámico por ahí hemos de empezar: di rosa
o –Stein –una rosa es una rosa es una rosa
( de Calas)
--
Poema tomado de: Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Págs. 72-73
10/2/09
Editorial Apuntes de Lobotomía
"Fotos Imaginarias con Nieve de Verdad" de Arturo Carrera
EDITORIAL APUNTES DE LOBOTOMÍA
La editorial independiente Apuntes de Lobotomía tiene sede en México D.F., surge como un proyecto conjunto entre Verónica Zamudio, Demian Marín y Sergio Ernesto Ríos, con la finalidad de editar poetas latinoamericanos.
Los autores de las nueve plaquettes que componen la serie Primer pabellón son:
Arturo Carrera, Claudio Daniel, Rogelio Saunders, Lola Arias, Óscar David López, Ángel Ortuño, David Bustos, Roberto Echavarren y José Kozer.
Cada uno es la pieza de rompecabezas del plano de un hospital psiquiátrico.
Para pedidos y contacto:
apuntesdelobotomia@yahoo.com.mx
2/2/09
Fabián Casas
Fabián Casas, Argentina, 1965
Despertarte
Despertarte a mitad de la noche
y ver en el otro lado de la cama
a tu mujer llorando
es una experiencia importante.
quiero decir, entre otras cosas,
que mientras paseabas por los cuartos
iluminados de tu cerebro algo se estaba gestando cerca
tuyo.
Un error con el cual mantenés una particular relación
de intimidad.
Porque aunque no firmemos nada,
Ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
pensamos que es para toda la vida
y así seguimos.
Botes, que durante la noche
quedan amarrados al muelle,
golpeándose entre sí,
según el viento.
--
Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Pág.79
Despertarte
Despertarte a mitad de la noche
y ver en el otro lado de la cama
a tu mujer llorando
es una experiencia importante.
quiero decir, entre otras cosas,
que mientras paseabas por los cuartos
iluminados de tu cerebro algo se estaba gestando cerca
tuyo.
Un error con el cual mantenés una particular relación
de intimidad.
Porque aunque no firmemos nada,
Ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
pensamos que es para toda la vida
y así seguimos.
Botes, que durante la noche
quedan amarrados al muelle,
golpeándose entre sí,
según el viento.
--
Zurdos. Última poesía LatinoAmericana, Yanko González & Pedro Anaya, Bartleby Editores, Fundación Domingo Malagón, 2005, Madrid. Pág.79
Technopaegnia, por Julian Herbert
POÉTICAS
TECHNOPAEGNIA Y POESÍA
en Letras Libres, Febrero de 2009
POR JULIAN HERBERT
Technopaegnia es la palabra griega sugerida por Ausonio (310 d.C.) para designar la estrategia de disponer los versos según la forma del objeto en que se imprimirán: un huevo, una hacha. Estas obras son antecedente de los caligramas. No solamente de los de Tablada o Apollinaire; también de los de George Herbert en el siglo XVII y los de Acuña de Figueroa en el XIX. Son fuente de tradición. Como lo es la poesía/praxis: desde los yambos y espondeos pindáricos –a cuyo son se ejecutaban danzas olímpicas– hasta radio dramas de Brecht como El proceso de Lucullus. Producir objetos o celebrar gestos, y entramar estos y aquellos con la escritura poética, es una forma venerable de la participación lírica –les guste o no a los académicos. Y la joven poesía mexicana no ha sido indiferente a esta herencia.
Entre nosotros, tales composiciones vienen de un largo y subterráneo río que parte de Tablada y pasa por Novo, Paz, Arreola, Poesía en voz alta, Ulises Carrión, Alejandro Aura, el deslenguaje oral de Ricardo Castillo, las instalaciones plásticas y sonoras de Alberto Blanco, los poemas visuales de Myriam Moscona –por mencionar muy poco. La relativa democratización de las nuevas tecnologías, la búsqueda de alternativas estilísticas y la pauperización de la lectura en México han insuflado nueva corriente a este caudal, lo que entre los poetas más jóvenes significa un volumen de documentación más vasto y detallado que el de otras épocas. También mejores herramientas para la divulgación.
Reseño a vuelo de pájaro unos cuantos ejemplos de estos procesos.
Motín Poeta, colectivo integrado por Carla Faesler, Rocío Cerón y Mónica Nepote, publicó en CD dos antologías: Urbe probeta (2003) y Personae (2006). La primera es, casi, un disco de canciones; contiene versiones felices pero en otras la unión de voz y música me parece forzada. La segunda es un ejercicio más propositivo pero fallido: aunque cada pieza fue compuesta por un poeta y un artista sonoro distintos, el conjunto resulta repetitivo, monótono. Ambos discos adolecen de un mismo defecto: parten de versos destinados originalmente a la página, y cuyo cuerpo no fue reescrito en calidad de poesía sonora.
Este colectivo participó en el festival Poesía en Voz Alta 2006; YouTube tiene un documento en video del performance. La calidad de registro es pobrísima, pero se alcanza a discernir el montaje. Carla Faesler realizó también videopoemas (v. YouTube) cuyo leitmotiv son fotorrecortes de sí misma. Algunas de estas piezas (“Asuntos internos”, “Limbo”) me parecen admirables, no sólo por la imaginación que las sostiene sino porque fueron realizadas con mínimos recursos tecnológicos. Rocío Cerón hace también poesía visual.
Minerva Reynosa, Sergio Ernesto Ríos y Óscar David López lanzaron en 2008 “Pimp M(t)y Poetry”, con sede en Monterrey. Se valen del arte postal. Minerva y Sergio me enviaron por correo searching the toilette in juárez avenue, libro casero de poemas y aplicaciones en ejemplar único. Óscar David repartió, en un encuentro de escritores, volantes a colores con la efigie de Gerardo Deniz; solicitó luego que cada invitado escribiera unos pocos versos dedicados al autor de Erdera, a quien le fueron entregados esos materiales a la mañana siguiente. Óscar David tiene montado The Gangbang Show, espectáculo de cabaret que incluye travestismo, lectura de poemas y música electrónica.
José Eugenio Sánchez, avecindado en Monterrey, ha realizado videopoemas tipográficos en colaboración con Rubén Gutiérrez y un discurso virtual con técnica de videogame (“Pistoleros famosos”) en colaboración con Ángel Sánchez (v. YouTube). A fines de los noventa fue guionista y actor en el espectáculo de danza El asalto a las putas. En 2007 su lectura coreográfica Balada de las últimas bombas (en colaboración con Judith Téllez) fue recibida con beneplácito en un pequeño pero repleto teatro de Barcelona.
Óscar de Pablo, espléndido lector de su propia obra, obtuvo un premio de slam poetry en la ciudad de México. Desde Guadalajara, León Plascencia Ñol realiza poemas visuales: metáforas tipográficas con técnica de grabado. En esa misma ciudad viven Jorge Méndez Blake, quien ha expuesto algunas instalaciones en video basadas en lecturas de poesía; y Víctor Ortiz Partida, quien realizó en 2005 una instalación tipográfica basada en poemas de la puertorriqueña Sylvia Figueroa. En León, Guanajuato, está Eduardo Martín del Campo, autor de poemas hipertextuales. En Tijuana, Adrián Volt ha dado a conocer Una sociedad ligeramente excitada, que incluye CD con poesía y música. También en Tijuana, Omar Pimienta realizó el proyecto Librería, 180 invitaciones institucionales viejas intervenidas con textos de autores diversos (www.libreria-omarpimienta.blogspot.com). En Querétaro, Román Luján realizó hace algunos años, en colaboración con Jordi Boldó, una serie de metáforas-mueble: poemas breves impresos sobre piedras. También con piedras realiza instalaciones tipográficas el poeta michoacano Efraín Velasco. En Saltillo se fundó, a fines de 2008, el Taller de la Caballeriza (www.caballeriza.blogspot.com), colectivo que reúne a poetas, artistas plásticos, músicos, teatristas y cocineros en torno a dos principios: la capacidad transretórica de la poesía (la posibilidad de crear efectos poéticos mediante soportes alternativos, géneros híbridos y materia poética no textual) y la descripción de lo poético como realidad sintética, simultánea, múltiple y móvil.
Habría que mencionar al paso, también, proyectos cuyo afán no es la producción de obras sino la documentación y/o difusión de estos procesos: Poesía y combate de Antonio Calera, Autismo tv de Inti García Santamaría (v. YouTube), el Periódico de poesía de la UNAM, el festival Poesía en Voz Alta, entre muchísimos otros. La nómina que doy es reducida: apenas se limita a los autores con los que tengo un contacto constante.
A pesar de que estos procesos compositivos tienen aceptación y demanda por parte de algunos lectores,* la mayoría de los poetas y críticos de poesía mexicanos los rechaza. Tal rechazo esgrime dos argumentos fútiles: “eso no es poesía” y “eso no es ninguna novedad, pertenece a la estética de las viejas vanguardias”. La pobreza del primer argumento radica en su hipocresía: parece implicar que está muy bien que se haga poesía visual y poesía/praxis (después de todo se trata de procesos que se ejercen cotidianamente y que son admitidos en los más selectos círculos intelectuales) siempre y cuando a) no se les llame “poesía” y b) quien los realice tenga título de actor, pintor o artista conceptual, no de poeta. Lo que se intenta salvaguardar no es un proceso creativo sino un título nobiliario: poeta. Esto me parece un tanto cursi y digno de un burócrata, no de un creador. Hablar de poetas en tránsito formal y poesía en soportes no convencionales me parece importante: lo considero vía para dar un sentido más puro a una de las palabras de la tribu.
El segundo argumento no es menos endeble, pero sin duda es más perverso: pretende que la experiencia material de los poetas es patrimonio exclusivo de las vanguardias históricas. Afirmación que quizás esté a la altura de don Ignacio de Luzán, pero que suena obtusa y hasta inmoral de cara al yonque tecnológico en que se convertirá el siglo XXI. No me parece imprudente citar aquí a Platón: “el castigo mayor es ser gobernado por otro más perverso, y es por temor a este castigo que gobiernan, cuando gobiernan, los hombres de bien”. Si algunos poetas hemos aprendido a usar Vegas o After Effects después de haber ejercitado el dáctilo es porque la poesía no es un pasatiempo: es una guerra espiritual con y por el mundo. En cualquier caso, negar que la technopaegnia y la poesía/praxis son parte de la tradición no es conservadurismo: es llana ignorancia.
El ninguneo que usualmente rodea en México a la poesía visual, sonora y activa empobrece nuestra vida intelectual. Lo que falta, a mi juicio, es una mayor crítica y autocrítica de estos procesos compositivos. Una crítica dura, seria, que tome en cuenta lo mismo la dimensión técnica y material (el empleo de herramientas retóricas alternativas) que la conceptual y emotiva. Pero que acepte también, como principio, que existen estructuras paratextuales a las que el nombre que mejor les conviene es el de poemas.
TECHNOPAEGNIA Y POESÍA
en Letras Libres, Febrero de 2009
POR JULIAN HERBERT
Technopaegnia es la palabra griega sugerida por Ausonio (310 d.C.) para designar la estrategia de disponer los versos según la forma del objeto en que se imprimirán: un huevo, una hacha. Estas obras son antecedente de los caligramas. No solamente de los de Tablada o Apollinaire; también de los de George Herbert en el siglo XVII y los de Acuña de Figueroa en el XIX. Son fuente de tradición. Como lo es la poesía/praxis: desde los yambos y espondeos pindáricos –a cuyo son se ejecutaban danzas olímpicas– hasta radio dramas de Brecht como El proceso de Lucullus. Producir objetos o celebrar gestos, y entramar estos y aquellos con la escritura poética, es una forma venerable de la participación lírica –les guste o no a los académicos. Y la joven poesía mexicana no ha sido indiferente a esta herencia.
Entre nosotros, tales composiciones vienen de un largo y subterráneo río que parte de Tablada y pasa por Novo, Paz, Arreola, Poesía en voz alta, Ulises Carrión, Alejandro Aura, el deslenguaje oral de Ricardo Castillo, las instalaciones plásticas y sonoras de Alberto Blanco, los poemas visuales de Myriam Moscona –por mencionar muy poco. La relativa democratización de las nuevas tecnologías, la búsqueda de alternativas estilísticas y la pauperización de la lectura en México han insuflado nueva corriente a este caudal, lo que entre los poetas más jóvenes significa un volumen de documentación más vasto y detallado que el de otras épocas. También mejores herramientas para la divulgación.
Reseño a vuelo de pájaro unos cuantos ejemplos de estos procesos.
Motín Poeta, colectivo integrado por Carla Faesler, Rocío Cerón y Mónica Nepote, publicó en CD dos antologías: Urbe probeta (2003) y Personae (2006). La primera es, casi, un disco de canciones; contiene versiones felices pero en otras la unión de voz y música me parece forzada. La segunda es un ejercicio más propositivo pero fallido: aunque cada pieza fue compuesta por un poeta y un artista sonoro distintos, el conjunto resulta repetitivo, monótono. Ambos discos adolecen de un mismo defecto: parten de versos destinados originalmente a la página, y cuyo cuerpo no fue reescrito en calidad de poesía sonora.
Este colectivo participó en el festival Poesía en Voz Alta 2006; YouTube tiene un documento en video del performance. La calidad de registro es pobrísima, pero se alcanza a discernir el montaje. Carla Faesler realizó también videopoemas (v. YouTube) cuyo leitmotiv son fotorrecortes de sí misma. Algunas de estas piezas (“Asuntos internos”, “Limbo”) me parecen admirables, no sólo por la imaginación que las sostiene sino porque fueron realizadas con mínimos recursos tecnológicos. Rocío Cerón hace también poesía visual.
Minerva Reynosa, Sergio Ernesto Ríos y Óscar David López lanzaron en 2008 “Pimp M(t)y Poetry”, con sede en Monterrey. Se valen del arte postal. Minerva y Sergio me enviaron por correo searching the toilette in juárez avenue, libro casero de poemas y aplicaciones en ejemplar único. Óscar David repartió, en un encuentro de escritores, volantes a colores con la efigie de Gerardo Deniz; solicitó luego que cada invitado escribiera unos pocos versos dedicados al autor de Erdera, a quien le fueron entregados esos materiales a la mañana siguiente. Óscar David tiene montado The Gangbang Show, espectáculo de cabaret que incluye travestismo, lectura de poemas y música electrónica.
José Eugenio Sánchez, avecindado en Monterrey, ha realizado videopoemas tipográficos en colaboración con Rubén Gutiérrez y un discurso virtual con técnica de videogame (“Pistoleros famosos”) en colaboración con Ángel Sánchez (v. YouTube). A fines de los noventa fue guionista y actor en el espectáculo de danza El asalto a las putas. En 2007 su lectura coreográfica Balada de las últimas bombas (en colaboración con Judith Téllez) fue recibida con beneplácito en un pequeño pero repleto teatro de Barcelona.
Óscar de Pablo, espléndido lector de su propia obra, obtuvo un premio de slam poetry en la ciudad de México. Desde Guadalajara, León Plascencia Ñol realiza poemas visuales: metáforas tipográficas con técnica de grabado. En esa misma ciudad viven Jorge Méndez Blake, quien ha expuesto algunas instalaciones en video basadas en lecturas de poesía; y Víctor Ortiz Partida, quien realizó en 2005 una instalación tipográfica basada en poemas de la puertorriqueña Sylvia Figueroa. En León, Guanajuato, está Eduardo Martín del Campo, autor de poemas hipertextuales. En Tijuana, Adrián Volt ha dado a conocer Una sociedad ligeramente excitada, que incluye CD con poesía y música. También en Tijuana, Omar Pimienta realizó el proyecto Librería, 180 invitaciones institucionales viejas intervenidas con textos de autores diversos (www.libreria-omarpimienta.blogspot.com). En Querétaro, Román Luján realizó hace algunos años, en colaboración con Jordi Boldó, una serie de metáforas-mueble: poemas breves impresos sobre piedras. También con piedras realiza instalaciones tipográficas el poeta michoacano Efraín Velasco. En Saltillo se fundó, a fines de 2008, el Taller de la Caballeriza (www.caballeriza.blogspot.com), colectivo que reúne a poetas, artistas plásticos, músicos, teatristas y cocineros en torno a dos principios: la capacidad transretórica de la poesía (la posibilidad de crear efectos poéticos mediante soportes alternativos, géneros híbridos y materia poética no textual) y la descripción de lo poético como realidad sintética, simultánea, múltiple y móvil.
Habría que mencionar al paso, también, proyectos cuyo afán no es la producción de obras sino la documentación y/o difusión de estos procesos: Poesía y combate de Antonio Calera, Autismo tv de Inti García Santamaría (v. YouTube), el Periódico de poesía de la UNAM, el festival Poesía en Voz Alta, entre muchísimos otros. La nómina que doy es reducida: apenas se limita a los autores con los que tengo un contacto constante.
A pesar de que estos procesos compositivos tienen aceptación y demanda por parte de algunos lectores,* la mayoría de los poetas y críticos de poesía mexicanos los rechaza. Tal rechazo esgrime dos argumentos fútiles: “eso no es poesía” y “eso no es ninguna novedad, pertenece a la estética de las viejas vanguardias”. La pobreza del primer argumento radica en su hipocresía: parece implicar que está muy bien que se haga poesía visual y poesía/praxis (después de todo se trata de procesos que se ejercen cotidianamente y que son admitidos en los más selectos círculos intelectuales) siempre y cuando a) no se les llame “poesía” y b) quien los realice tenga título de actor, pintor o artista conceptual, no de poeta. Lo que se intenta salvaguardar no es un proceso creativo sino un título nobiliario: poeta. Esto me parece un tanto cursi y digno de un burócrata, no de un creador. Hablar de poetas en tránsito formal y poesía en soportes no convencionales me parece importante: lo considero vía para dar un sentido más puro a una de las palabras de la tribu.
El segundo argumento no es menos endeble, pero sin duda es más perverso: pretende que la experiencia material de los poetas es patrimonio exclusivo de las vanguardias históricas. Afirmación que quizás esté a la altura de don Ignacio de Luzán, pero que suena obtusa y hasta inmoral de cara al yonque tecnológico en que se convertirá el siglo XXI. No me parece imprudente citar aquí a Platón: “el castigo mayor es ser gobernado por otro más perverso, y es por temor a este castigo que gobiernan, cuando gobiernan, los hombres de bien”. Si algunos poetas hemos aprendido a usar Vegas o After Effects después de haber ejercitado el dáctilo es porque la poesía no es un pasatiempo: es una guerra espiritual con y por el mundo. En cualquier caso, negar que la technopaegnia y la poesía/praxis son parte de la tradición no es conservadurismo: es llana ignorancia.
El ninguneo que usualmente rodea en México a la poesía visual, sonora y activa empobrece nuestra vida intelectual. Lo que falta, a mi juicio, es una mayor crítica y autocrítica de estos procesos compositivos. Una crítica dura, seria, que tome en cuenta lo mismo la dimensión técnica y material (el empleo de herramientas retóricas alternativas) que la conceptual y emotiva. Pero que acepte también, como principio, que existen estructuras paratextuales a las que el nombre que mejor les conviene es el de poemas.
1/2/09
Heriberto Yepez
Heriberto Yepez,
Tijuana, Mèxico.
Tijuana, Mèxico.
Etiquetas:
latinoamerica bilingue,
POESÍA DE MÉXICO,
poesìa visual
31/1/09
30/1/09
Tribulaciones del poeta Actual
Una interesante disertaciòn sobre la poesìa y lo latinoamericano por Malva Flores
En ocasión de una charla sobre Sergio Pitol en China, en el año 2000 Jorge Volpi declaró que “los intercambios literarios entre los países latinoamericanos son limitadísimos, tanto, que diría que el concepto de literatura latinoamericana no existe, sólo une el idioma". Esta idea ocupa todavía al narrador en su reciente libro de ensayos, Mentiras contagiosas (Páginas de espuma, 2008), y forma parte de aquella arenga grupal, nacida en 1996, cuando por primera vez se da a conocer el Manifiesto Crack durante la presentación de los libros de quienes formarían parte de un grupo que fundó su existencia a partir, entre otras cosas, de un deslinde del boom latinoamericano. Sus novelas, particularmente las del propio Volpi, Ignacio Padilla y Vicente Herrasti hicieron gala de un “cosmopolitismo” que intentaba asegurar, para la narrativa, que ya éramos, al menos los mexicanos, “ciudadanos del mundo”.
¿Qué tiene que ver Volpi con los problemas del poeta actual? Nada y de soslayo, mucho. Esa historia, podrán decirme, ha sido revisada cientos de ocasiones y pertenece al ámbito de la narrativa y tal vez de la mercadotecnia. Sin embargo, las tribulaciones del poeta actual de algún modo no impreciso está ligada a estos acontecimientos de los que el crack es ya sólo un episodio reservado a la academia y la avalancha publicitaria sobre la nueva narrativa hispanoamericana, con sus altos tirajes, las giras globales de autores, los sustanciosos premios y la competencia entre los consorcios editoriales son el pan nuestro de cada día. Los alteros de novelas se suceden en las mesas de novedades como edificios cuyo próximo derrumbe augura el nacimiento de otra, similar y fugaz, pila de libros. “No son aves, sino libros de paso” aseguraba Paz a finales de los ochenta, y aún no existía la explosión de hoy.
Si uno lee Mentiras contagiosas, advierte que Volpi ha seguido a pie juntillas sus propios preceptos sobre la narrativa y lo que llama “cosmopolitismo” (curiosamente retomando algunas ideas de un poeta admirado por Volpi: Jorge Cuesta) y que, efectivamente, sus novelas no intentan exaltar un color local, repudiado por folklórico y sí, en cambio, dar voz a personajes del mundo global, de la historia occidental, etcétera. A su juicio no son más, los latinoamericanos, aquellos personajes que van a París y se deslumbran o que exhiben las miserias y esplendores de su Macondo habitual. Exotismo al revés, ahora los latinoamericanos van a Europa para enseñarles lo que Europa es. Pero, más allá de estos comentarios nacidos seguramente del resentimiento, lo que queda expuesto en el libro de Volpi (y no tendría por qué ser de otra manera), es una ausencia. La literatura es la narrativa. La poesía ha desaparecido.
Volpi marca el fin de la novela latinoamericana (entiéndase, la narrativa del Boom y sus secuelas) con la aparición de Roberto Bolaño, esa marca registrada por Anagrama. Resulta curioso que un poeta, Bolaño, haya provocado esa “epidemia”, en palabras de Volpi. El chileno habla de poetas como habla de tantas cosas, pero si uno revisa la narrativa contemporánea podrá observar que muchos autores (el propio Bolaño, Juan Villoro, Álvaro Enrigue, Enrique Serna, Jorge Edwards, Mario Bellatín, Francisco Goldman o incluso Saramago o Tabucchi, por mencionar sólo algunos) ven en la imagen del poeta un asunto novelable. Así convertido en personaje o idea, imagino el destino de los poetas constreñido a representar una especie casi extinta, algo así como el Tiranosaurio; un elemento exótico, el único personaje que aún siendo grotesco, o quizá porque lo es, se ha convertido en parodia del héroe y puebla el Jurassic Park de los novelistas.
La extinción del poeta sería, entonces, el verdadero problema del poeta actual. No hay Greenpeace para poetas y su defensa puede convertirse sólo en asunto de otra novela. Otra cosa es la poesía, pero suelen confundirse.
Defender a la poesía es como defender a las piedras pulidas por el río o a las piedras mismas de la civilización. Sin embargo, recurrentemente en la historia aparece de nuevo la pregunta ¿cuál es el futuro de la poesía? ¿tiene futuro? Tal pareciera como si, de trecho en trecho, el espacio de la poesía, su lugar de convivencia y alcance, fuera sólo el cubículo. Etiquetada por el mercado como “artículo en desuso”, la poesía desaparece de los anaqueles y se refugia en ediciones marginales, o ediciones de autor, que viene a ser lo mismo. Pasa de mano en mano. Pero, ¿cuándo ha sido diferente? Si pensamos que Mallarmé editó una antología de su obra en 1887 y tiró 40 ejemplares o que Rimbaud pagó la edición de Una temporada en el infierno, no deberíamos asombrarnos. La primera edición de La alegría, de Ungaretti, fue de ochenta ejemplares; la de Las flores del mal, fue de un poco más de mil.
Pero los poetas, al menos los mexicanos, se quejan. No hay espacio para la poesía. Como una forma de sobrevivencia, en México algunos poetas se han refugiado en la academia como un injerto anómalo. Han fatigado las arduas galeras, diría Borges; venden enciclopedias o tacos. Se esconden tras la silla burócrata, diseñan camisetas, llaveritos; hacen largas filas en pos de una beca. Pero, ¿alguna vez fue distinto? Los poetas siempre se quejan. En México, al menos, ya no hay suplementos literarios; la crítica de poesía, la crítica viva, prácticamente ha desaparecido y las —cada vez menos— revistas literarias, incluyen la poesía en sus páginas como se pone un florero en la sala. No ocurre así en otros lados quizá porque, alejada del estipendio oficial, la poesía ha recorrido el camino que ha sido siempre suyo desde el inicio de la modernidad: el margen, no como marginalidad, sino como el resultado de una decidida voluntad minoritaria que ve en el poema no un artículo de consumo, sino una forma viva de duración.
Sin embargo, desde hace más o menos una década, los poetas más jóvenes han emprendido otro derrotero que no es sino el más antiguo, modificado ahora en su versión global. Mientras suceden las ferias, se premian y promocionan a los narradores, se realizan giras cosmopolitas, los poetas relegados de su lugar público regresan a lo privado, aunque en formas quizá contradictorias. Avecindados en Facebook, MySpace, o en los innumerables blogs que pueblan la red, los poetas hacen de lo privado cosa pública. Reanudan pues, aunque aún torpemente, una conversación que antes estaba destinada al salón, al café o a las revistas. Silenciosamente para el mundo del mercado, se realizan festivales, se crean redes en la red, aparecen editoriales independientes. Y sucede algo que, al menos, pone en entredicho aquellas palabras de Volpi en China donde asegura que “Los intercambios literarios entre los países latinoamericanos son limitadísimos”.
Los jóvenes poetas piensan otra cosa. Para hablar del movimiento actual de la poesía latinoamericana habría que trasladarse, y tampoco es algo nuevo, hacia el cono sur del continente para ver sus orígenes. Los nombres de Washington Cucurto (seudónimo de Santiago Vega), Martín Gambarotta, Sergio Raimondi, Cristian De Nápoli, Gabriela Bejerman; los chilenos Alejandra del Río y Germán Carrasco y un alemán, Timo Berger, son varios de los muchos nombres que constituyen esa red poética de la que hablaba atrás y que tiene su centro de irradiación en varios festivales como el “Latinale”, de Alemania; “Poquita fe”, en Chile, “Salida al mar” en Argentina, o en las innumerables antologías virtuales que van agrupando poetas latinoamericanos, entre las que destaca el proyecto Las afinidades electivas, las elecciones afectivas, promovida por el poeta argentino Alejandro Méndez, a través de los blogs. En México, la integración a estas redes se ha venido realizando cada vez con mayor frecuencia y ya son bastantes los poetas que con sus ediciones o trabajo han ingresado a las listas o han asistido a estos festivales. De entre los poetas que en México siguen esta corriente podemos mencionar a Rocío Cerón, Carla Faesler, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, entre varios otros; así como destacan las ediciones El billar de Lucrecia, la agrupación Motín Poeta, el “Slam poético de la colonia Roma” y el “Campeonato nacional de verso libre”, cuya final —me cuenta Sergio Valero— se disputó en un cuadrilátero con narración en vivo.
Hartos de Paz, Octavio —“una gran loza que al fin se nos quitó de encima”, han dicho algunos—; de Juarroz —de quien nadie se acuerda en Argentina, aseguran otros—; de Borges —"¿Cómo le voy a creer a un ciego que lee?", en palabras de Cucurto— o de Gonzalo Rojas; estos poetas, cuya gran mayoría no ha cumplido los treinta y cinco años (fecha oficial para dejar de ser joven en México), confían en la dudosa novedad del Spoken Word, alimentan la idea de realizar lecturas de poesía como los antiguos aedas; hacen videopoemas, intervenciones, performances y creen más que en las mentiras contagiosas, en la contaminación de los lenguajes artísticos a partir de un vínculo con el lenguaje poético. Así como abominan de aquellos padres poéticos, han encumbrado a autores como Roberto Echavarren, Diego Maqueira, Nicanor Parra, y en México a Gerardo Deniz o David Huerta.
No por casualidad los nombres de sus agrupaciones, festivales y títulos (recientemente el Billar de Lucrecia ha publicado la antología Nosotros que nos queremos tanto), aluden a una condición popular donde, se cree, pueden encontrarse las raíces de la asimilación con un público para quien la poesía había dejado de significar algo. Pero ese público, esos posibles lectores, no son otros que los mismos poetas de siempre, ahora como grupo latinoamericano, leyéndose, juzgándose, peleándose y, acaso, conversando.
“Después del boom hay mucho más. En búsqueda de una nueva América Latina y de su poesía joven”, anunciaba la página web de Latinale para su edición 2007. También puede leerse que en el encuentro “entrará en acción una guagua lírica, un bus literario. Esa camioneta interurbana –llamada colectivo, micro, guagua, bondi o camello en Latinoamérica—, se convertirá en el bus de Latinale que servirá como una metáfora movediza y pondrá de manifiesto el nuevo desarrollo transnacional de la comunidad poética (latinoamericana) citada en Europa.” La idea gregaria, comunal, de los poetas latinoamericanos actuales no puede ser más evidente.
Como mi intervención se llama “Tribulaciones del poeta actual” no voy a hablar de la obra de estos poetas. Sus discusiones y propuestas requerirían de un espacio mayor. Señalo sin embargo otra cuestión. Cuando surge la pregunta ¿tiene futuro la poesía?, existe una sospecha implícita. “La poesía está en crisis”. Las actividades y actitudes de estos jóvenes poco dicen, por sí mismas, de la naturaleza de su lenguaje poético. Recientemente, sin embargo, y para el caso concreto de México, Heriberto Yépez ha comentado en relación con el Spoken Word y otras de esas prácticas: “Al spoken word se llega cuando: 1) hay carencia de buena poesía, 2) no se tiene una solución real, 3) se disfraza la crisis haciendo shows populistas.”
Lo cierto es que cada generación tiene su manera de plantarse en el mundo, aunque esta forma sea tan vieja como las piedras de la civilización. Como pertenezco a la última generación que no vio en Paz sólo a una loza, no tengo más remedio que citarlo: “Vivimos una vuelta de los tiempos: no una revolución sino, en el antiguo y más profundo sentido de la palabra, una revuelta. Un regreso al origen que es, asimismo, un volver al principio. No asistimos al fin de la historia, como ha dicho un profesor norteamericano, sino a un recomienzo (…). La poesía no busca la inmortalidad, sino la resurrección”. Habría que recordar, sin embargo, que “la poesía es el antídoto de la técnica y el mercado. A eso se reduce lo que podría ser, en nuestro tiempo y en el que llega, la función de la poesía. ¿Nada más? Nada menos”.
No quisiera terminar sin comentar algo. Mientras me preocupaba por la manera de concluir esta charla, entré en mi página de Facebook. Me había negado a ingresar a ese circuito donde uno escribe en “muros virtuales” —grafiti cibernético que aún me produce la sensación de estar hablando con la pared—, pero un impulso de renovación un tanto cuanto patético me llevó a aceptar la invitación de rigor. En mi “acción de estado” escribí, como vi que se hacía, lo que en ese momento me estaba aconteciendo. Mi mensaje era el siguiente: “Malva intenta escribir una ‘ponencia’ sobre las tribulaciones del poeta actual”. Pocos minutos después el poeta Aurelio Asiain —un viejo amigo que ahora ejerce como profesor en alguna universidad nipona—, escribió en mi muro: “La primera de las cuales es tener que escribir ‘ponencias’ y usar la palabrita.”
Al parecer, la tribulación sólo es mía.
Publicado por Malva Flores en 10:03
Etiquetas: Aurelio Asiain, Jorge Volpi, Poesía latinoamericana, Poetas mexicanos, Spoken Word
Tomado de: aquì
En ocasión de una charla sobre Sergio Pitol en China, en el año 2000 Jorge Volpi declaró que “los intercambios literarios entre los países latinoamericanos son limitadísimos, tanto, que diría que el concepto de literatura latinoamericana no existe, sólo une el idioma". Esta idea ocupa todavía al narrador en su reciente libro de ensayos, Mentiras contagiosas (Páginas de espuma, 2008), y forma parte de aquella arenga grupal, nacida en 1996, cuando por primera vez se da a conocer el Manifiesto Crack durante la presentación de los libros de quienes formarían parte de un grupo que fundó su existencia a partir, entre otras cosas, de un deslinde del boom latinoamericano. Sus novelas, particularmente las del propio Volpi, Ignacio Padilla y Vicente Herrasti hicieron gala de un “cosmopolitismo” que intentaba asegurar, para la narrativa, que ya éramos, al menos los mexicanos, “ciudadanos del mundo”.
¿Qué tiene que ver Volpi con los problemas del poeta actual? Nada y de soslayo, mucho. Esa historia, podrán decirme, ha sido revisada cientos de ocasiones y pertenece al ámbito de la narrativa y tal vez de la mercadotecnia. Sin embargo, las tribulaciones del poeta actual de algún modo no impreciso está ligada a estos acontecimientos de los que el crack es ya sólo un episodio reservado a la academia y la avalancha publicitaria sobre la nueva narrativa hispanoamericana, con sus altos tirajes, las giras globales de autores, los sustanciosos premios y la competencia entre los consorcios editoriales son el pan nuestro de cada día. Los alteros de novelas se suceden en las mesas de novedades como edificios cuyo próximo derrumbe augura el nacimiento de otra, similar y fugaz, pila de libros. “No son aves, sino libros de paso” aseguraba Paz a finales de los ochenta, y aún no existía la explosión de hoy.
Si uno lee Mentiras contagiosas, advierte que Volpi ha seguido a pie juntillas sus propios preceptos sobre la narrativa y lo que llama “cosmopolitismo” (curiosamente retomando algunas ideas de un poeta admirado por Volpi: Jorge Cuesta) y que, efectivamente, sus novelas no intentan exaltar un color local, repudiado por folklórico y sí, en cambio, dar voz a personajes del mundo global, de la historia occidental, etcétera. A su juicio no son más, los latinoamericanos, aquellos personajes que van a París y se deslumbran o que exhiben las miserias y esplendores de su Macondo habitual. Exotismo al revés, ahora los latinoamericanos van a Europa para enseñarles lo que Europa es. Pero, más allá de estos comentarios nacidos seguramente del resentimiento, lo que queda expuesto en el libro de Volpi (y no tendría por qué ser de otra manera), es una ausencia. La literatura es la narrativa. La poesía ha desaparecido.
Volpi marca el fin de la novela latinoamericana (entiéndase, la narrativa del Boom y sus secuelas) con la aparición de Roberto Bolaño, esa marca registrada por Anagrama. Resulta curioso que un poeta, Bolaño, haya provocado esa “epidemia”, en palabras de Volpi. El chileno habla de poetas como habla de tantas cosas, pero si uno revisa la narrativa contemporánea podrá observar que muchos autores (el propio Bolaño, Juan Villoro, Álvaro Enrigue, Enrique Serna, Jorge Edwards, Mario Bellatín, Francisco Goldman o incluso Saramago o Tabucchi, por mencionar sólo algunos) ven en la imagen del poeta un asunto novelable. Así convertido en personaje o idea, imagino el destino de los poetas constreñido a representar una especie casi extinta, algo así como el Tiranosaurio; un elemento exótico, el único personaje que aún siendo grotesco, o quizá porque lo es, se ha convertido en parodia del héroe y puebla el Jurassic Park de los novelistas.
La extinción del poeta sería, entonces, el verdadero problema del poeta actual. No hay Greenpeace para poetas y su defensa puede convertirse sólo en asunto de otra novela. Otra cosa es la poesía, pero suelen confundirse.
Defender a la poesía es como defender a las piedras pulidas por el río o a las piedras mismas de la civilización. Sin embargo, recurrentemente en la historia aparece de nuevo la pregunta ¿cuál es el futuro de la poesía? ¿tiene futuro? Tal pareciera como si, de trecho en trecho, el espacio de la poesía, su lugar de convivencia y alcance, fuera sólo el cubículo. Etiquetada por el mercado como “artículo en desuso”, la poesía desaparece de los anaqueles y se refugia en ediciones marginales, o ediciones de autor, que viene a ser lo mismo. Pasa de mano en mano. Pero, ¿cuándo ha sido diferente? Si pensamos que Mallarmé editó una antología de su obra en 1887 y tiró 40 ejemplares o que Rimbaud pagó la edición de Una temporada en el infierno, no deberíamos asombrarnos. La primera edición de La alegría, de Ungaretti, fue de ochenta ejemplares; la de Las flores del mal, fue de un poco más de mil.
Pero los poetas, al menos los mexicanos, se quejan. No hay espacio para la poesía. Como una forma de sobrevivencia, en México algunos poetas se han refugiado en la academia como un injerto anómalo. Han fatigado las arduas galeras, diría Borges; venden enciclopedias o tacos. Se esconden tras la silla burócrata, diseñan camisetas, llaveritos; hacen largas filas en pos de una beca. Pero, ¿alguna vez fue distinto? Los poetas siempre se quejan. En México, al menos, ya no hay suplementos literarios; la crítica de poesía, la crítica viva, prácticamente ha desaparecido y las —cada vez menos— revistas literarias, incluyen la poesía en sus páginas como se pone un florero en la sala. No ocurre así en otros lados quizá porque, alejada del estipendio oficial, la poesía ha recorrido el camino que ha sido siempre suyo desde el inicio de la modernidad: el margen, no como marginalidad, sino como el resultado de una decidida voluntad minoritaria que ve en el poema no un artículo de consumo, sino una forma viva de duración.
Sin embargo, desde hace más o menos una década, los poetas más jóvenes han emprendido otro derrotero que no es sino el más antiguo, modificado ahora en su versión global. Mientras suceden las ferias, se premian y promocionan a los narradores, se realizan giras cosmopolitas, los poetas relegados de su lugar público regresan a lo privado, aunque en formas quizá contradictorias. Avecindados en Facebook, MySpace, o en los innumerables blogs que pueblan la red, los poetas hacen de lo privado cosa pública. Reanudan pues, aunque aún torpemente, una conversación que antes estaba destinada al salón, al café o a las revistas. Silenciosamente para el mundo del mercado, se realizan festivales, se crean redes en la red, aparecen editoriales independientes. Y sucede algo que, al menos, pone en entredicho aquellas palabras de Volpi en China donde asegura que “Los intercambios literarios entre los países latinoamericanos son limitadísimos”.
Los jóvenes poetas piensan otra cosa. Para hablar del movimiento actual de la poesía latinoamericana habría que trasladarse, y tampoco es algo nuevo, hacia el cono sur del continente para ver sus orígenes. Los nombres de Washington Cucurto (seudónimo de Santiago Vega), Martín Gambarotta, Sergio Raimondi, Cristian De Nápoli, Gabriela Bejerman; los chilenos Alejandra del Río y Germán Carrasco y un alemán, Timo Berger, son varios de los muchos nombres que constituyen esa red poética de la que hablaba atrás y que tiene su centro de irradiación en varios festivales como el “Latinale”, de Alemania; “Poquita fe”, en Chile, “Salida al mar” en Argentina, o en las innumerables antologías virtuales que van agrupando poetas latinoamericanos, entre las que destaca el proyecto Las afinidades electivas, las elecciones afectivas, promovida por el poeta argentino Alejandro Méndez, a través de los blogs. En México, la integración a estas redes se ha venido realizando cada vez con mayor frecuencia y ya son bastantes los poetas que con sus ediciones o trabajo han ingresado a las listas o han asistido a estos festivales. De entre los poetas que en México siguen esta corriente podemos mencionar a Rocío Cerón, Carla Faesler, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, entre varios otros; así como destacan las ediciones El billar de Lucrecia, la agrupación Motín Poeta, el “Slam poético de la colonia Roma” y el “Campeonato nacional de verso libre”, cuya final —me cuenta Sergio Valero— se disputó en un cuadrilátero con narración en vivo.
Hartos de Paz, Octavio —“una gran loza que al fin se nos quitó de encima”, han dicho algunos—; de Juarroz —de quien nadie se acuerda en Argentina, aseguran otros—; de Borges —"¿Cómo le voy a creer a un ciego que lee?", en palabras de Cucurto— o de Gonzalo Rojas; estos poetas, cuya gran mayoría no ha cumplido los treinta y cinco años (fecha oficial para dejar de ser joven en México), confían en la dudosa novedad del Spoken Word, alimentan la idea de realizar lecturas de poesía como los antiguos aedas; hacen videopoemas, intervenciones, performances y creen más que en las mentiras contagiosas, en la contaminación de los lenguajes artísticos a partir de un vínculo con el lenguaje poético. Así como abominan de aquellos padres poéticos, han encumbrado a autores como Roberto Echavarren, Diego Maqueira, Nicanor Parra, y en México a Gerardo Deniz o David Huerta.
No por casualidad los nombres de sus agrupaciones, festivales y títulos (recientemente el Billar de Lucrecia ha publicado la antología Nosotros que nos queremos tanto), aluden a una condición popular donde, se cree, pueden encontrarse las raíces de la asimilación con un público para quien la poesía había dejado de significar algo. Pero ese público, esos posibles lectores, no son otros que los mismos poetas de siempre, ahora como grupo latinoamericano, leyéndose, juzgándose, peleándose y, acaso, conversando.
“Después del boom hay mucho más. En búsqueda de una nueva América Latina y de su poesía joven”, anunciaba la página web de Latinale para su edición 2007. También puede leerse que en el encuentro “entrará en acción una guagua lírica, un bus literario. Esa camioneta interurbana –llamada colectivo, micro, guagua, bondi o camello en Latinoamérica—, se convertirá en el bus de Latinale que servirá como una metáfora movediza y pondrá de manifiesto el nuevo desarrollo transnacional de la comunidad poética (latinoamericana) citada en Europa.” La idea gregaria, comunal, de los poetas latinoamericanos actuales no puede ser más evidente.
Como mi intervención se llama “Tribulaciones del poeta actual” no voy a hablar de la obra de estos poetas. Sus discusiones y propuestas requerirían de un espacio mayor. Señalo sin embargo otra cuestión. Cuando surge la pregunta ¿tiene futuro la poesía?, existe una sospecha implícita. “La poesía está en crisis”. Las actividades y actitudes de estos jóvenes poco dicen, por sí mismas, de la naturaleza de su lenguaje poético. Recientemente, sin embargo, y para el caso concreto de México, Heriberto Yépez ha comentado en relación con el Spoken Word y otras de esas prácticas: “Al spoken word se llega cuando: 1) hay carencia de buena poesía, 2) no se tiene una solución real, 3) se disfraza la crisis haciendo shows populistas.”
Lo cierto es que cada generación tiene su manera de plantarse en el mundo, aunque esta forma sea tan vieja como las piedras de la civilización. Como pertenezco a la última generación que no vio en Paz sólo a una loza, no tengo más remedio que citarlo: “Vivimos una vuelta de los tiempos: no una revolución sino, en el antiguo y más profundo sentido de la palabra, una revuelta. Un regreso al origen que es, asimismo, un volver al principio. No asistimos al fin de la historia, como ha dicho un profesor norteamericano, sino a un recomienzo (…). La poesía no busca la inmortalidad, sino la resurrección”. Habría que recordar, sin embargo, que “la poesía es el antídoto de la técnica y el mercado. A eso se reduce lo que podría ser, en nuestro tiempo y en el que llega, la función de la poesía. ¿Nada más? Nada menos”.
No quisiera terminar sin comentar algo. Mientras me preocupaba por la manera de concluir esta charla, entré en mi página de Facebook. Me había negado a ingresar a ese circuito donde uno escribe en “muros virtuales” —grafiti cibernético que aún me produce la sensación de estar hablando con la pared—, pero un impulso de renovación un tanto cuanto patético me llevó a aceptar la invitación de rigor. En mi “acción de estado” escribí, como vi que se hacía, lo que en ese momento me estaba aconteciendo. Mi mensaje era el siguiente: “Malva intenta escribir una ‘ponencia’ sobre las tribulaciones del poeta actual”. Pocos minutos después el poeta Aurelio Asiain —un viejo amigo que ahora ejerce como profesor en alguna universidad nipona—, escribió en mi muro: “La primera de las cuales es tener que escribir ‘ponencias’ y usar la palabrita.”
Al parecer, la tribulación sólo es mía.
Publicado por Malva Flores en 10:03
Etiquetas: Aurelio Asiain, Jorge Volpi, Poesía latinoamericana, Poetas mexicanos, Spoken Word
Tomado de: aquì
Renèe Acosta
Renèe Acosta,
Chihuahua, Mèxico, 1977.
Poemas
IV
Que tú la voz que otorga
Haga montaña el sincopado arpegio
Fundando ante la tierra el plano,
El magnífico dilatador, ahora,
Que tú te hayas levantado
Del nudo episcopal del fuego;
te hayas hecho aire
De agua, tierra y vida
Para tonificar el labio
La voz del que grita en el destierro
Para calcular la gota cero
Y el momento absoluto
En que tú te sigas expandiendo
Con la zaga y la conquista,
Esa la de permanecer
En antiguo punto de calor
¡Oh! sueño en llamas
-¡Oh cinta de Moebius!-
para que tu cuerpo divino
sea el divino cuerpo del universo.
VI
Que se diera tanto
De insular epifanía
Con el fuerte gravemen
Patidifuso
Con la cruz coagulada
De los vientos
¡Ah ¡ que se partiera en dos
Y en dos el ocho
Dividido y multiplicado
Y vuelto a sumar
En una ecuación
Que multiplica cuando resta
El acto, sonido, presencia
De cada esfera suministrada
Por la bondadosa escalera numérica
¡Oh Gödel!¡Oh grande!¡oh Fibonnacci!
La arqueología ontológica
De la presencia.
___
Poemas tomados de aquì
Chihuahua, Mèxico, 1977.
Poemas
IV
Que tú la voz que otorga
Haga montaña el sincopado arpegio
Fundando ante la tierra el plano,
El magnífico dilatador, ahora,
Que tú te hayas levantado
Del nudo episcopal del fuego;
te hayas hecho aire
De agua, tierra y vida
Para tonificar el labio
La voz del que grita en el destierro
Para calcular la gota cero
Y el momento absoluto
En que tú te sigas expandiendo
Con la zaga y la conquista,
Esa la de permanecer
En antiguo punto de calor
¡Oh! sueño en llamas
-¡Oh cinta de Moebius!-
para que tu cuerpo divino
sea el divino cuerpo del universo.
VI
Que se diera tanto
De insular epifanía
Con el fuerte gravemen
Patidifuso
Con la cruz coagulada
De los vientos
¡Ah ¡ que se partiera en dos
Y en dos el ocho
Dividido y multiplicado
Y vuelto a sumar
En una ecuación
Que multiplica cuando resta
El acto, sonido, presencia
De cada esfera suministrada
Por la bondadosa escalera numérica
¡Oh Gödel!¡Oh grande!¡oh Fibonnacci!
La arqueología ontológica
De la presencia.
___
Poemas tomados de aquì
28/1/09
27/1/09
Poesìa Visual en latinoamèrica
POESIA VISUAL EN LATINOAMERICA
por Harry Polkinhorn, 1997
Latinoamérica nos provee con una gran cantidad de ejemplos de una muy rica tradición en poesía visual. De hecho, una de las más importantes e influyentes contribuciones a la poesia visual internacional, la poesía concreta, fue inventada en Brasil. La primera exhibición de este trabajo fue llevada a cabo en Sao Paulo en diciembre de 1956. Como un antecedente al experimentalismo poético en general, uno sólo tiene que citar los diversos movimientos de vanguardia que tuvieron prominencia en Latinoamerica.
El creacionismo (1916) cuyos adeptos incluían a Pierre Reverdy en Francia y Vicente Huidobro, Gerardo Diego y Juan Lerrea, tuvieron una visión semi mística de los poderes divinos del poeta. Cercanamente relacionados se encontraban los ultraístas, conformado por siete poetas influenciados por Mallarme: Guillermo de Torre, Xavier Bóveda, César Comet, Pedro Garfias, Fernando Caballero, J. Rivas Panegas y J. de Aroca. Elaboraron su Manifiesto vertical ultraista en 1920 y publicaron sus trabajos en su revista Ultra en 1921 y 1922.
El estridentismo fue un movimiento mexicano cuyo principal proponente, Manuel Maples Arce, publicé Andamios interiores y Urbe en 1922 y 1924. Otros en este movimiento fueron Salvador Gallardo, Luis Quintanilla, Germán List Arzubide y Arqueles Vela. El estridentismo buscaba una mezcla de futurismo, dadaísmo y surrealismo con elementos de revolución social. El 'grupo sin grupo', los Contemporáneos, que datan de los veintes, tomaron una aproximación un poco más tradicional hacia la poesía. Las vanguardias históricas (dadaísmo, futurismo, surrealismo, cubismo, etcétera) tuvieron todas su impacto en la experimentación latinoamericana.
En una etapa posterior que empezó de los cincuentas en adelante, los latinoamericanos avanzaron más allá de las posiciones creadas por sus antecesores. El suizo boliviano Eugen Gomringer y su Constelaciones, así como su manifiesto Del verso a la constelación, fueron influyentes. Estructuras, del uruguayo Ernesto Cristiani (gestado desde 1954 y publicado en 1960), así como parte del trabajo de Mathias Goeritz, un artista alemán residente en México, fueron importantes. Goeritz organizó el primer gran trabajo de exhibición de poesía concreta fuera de Brasil, llevado a cabo en México en 1966. De los sesentas en adelante, la poesía visual fue incrementando por medio de una red de pequeñas revistas que incluyeron "Diagonal cero" y "Hexagono 71" en Argentina, "La pata de palo" así como "Ovum 10" en Uruguay. La argentina "Hoja Hoja Hoy", "Signist" y "Tucumán Arde" fueron otros grupos de esa época; asimismo surgieron los Experimentalistas de la Escuela de Caracas, el Concretismo Noigandres de Haroldo y Augusto de Campos, Decio Pignatari y Ronaldo Azeredo, así como el Neoconcretismo de Ferreira Gullar y Helio Oiticia; el Actiona Art de Clemente Padín, Wlademir Dias-Pino y su poesía de proceso, así como el arte correo internacional, forman el contexto cultural que ha nutrido la poesía visual contemporánea en latinoamérica.
Un rasgo que marca mucho del trabajo de este periodo es un conceptualismo de inflexión latina. El instituto Di Tella de Jorge Romero Brest y el Centro de Arte y Comunicación en Argentina jugaron papeles clave en el apoyo de estas corrientes. Los artistas buscaron maneras apropiadas para tratar con temas como la represión social, la pobreza, la política internacional y la contaminación ecológica, junto con otros temas. Estos artistas incluyen a Luis Pazos, Horacio Zabala, Juan Carlos Romero, Edgardo Antonio Vigo, Roberto Durarte, Jorge Gamarra, Eduardo Leonitti, Víctor Grippo, Juan Berchetche, Alfredo Portillos y muchos otros. Mencionados aquí se encuentran los proyectos conceptuales del arte correo de Liliana Porter y Luis Camnitzer en el Instituto Di Tella en Buenos Aires, y los intercambios postales de Clemente Padín, E. A. Vigo, Dámaso Ogaz, Guillermo Deisler, Pedro Lyra y otros.
La poesía visual en el presente es practicada extensamente alrededor de latinoamérica. Las exhibiciones internacionales han sido montadas en unos de los varios países que conforman esta región diversa, dichas actividades se centran principalmente en México, donde el grupo de César Espinosa, Nucleo Post-Arte, ha auspiciado un número de las Bienales Internacionales de Exhibición de Poesía Visual y Arte Alternativo (86, 88, 90, 92, 94, 96). La próxima Bienal Internacional esta fechada para 1998. Publicaciones, simposios y performances acompañan a las exhibiciones, las cuales han sido puestas en múltiples lugares y luego desplazadas en toda la república y otros lugares.
¿Qué distingue a la poesía visual de latinoamérica? ¿Comparte ésta una serie de características especiales? Por el estatus de dependencia de muchas naciones latinoamericanas, imaginaria política y económica aparece frecuentemente en la poesía visual temas sobre el medio ambiente, pobreza, deuda externa, represión militar, son la preocupación de los artistas latinoamericanos. Como todo este trabajo, implícita en sus a veces duras críticas se encuentra la visión de un mundo mejor, un mundo donde una más justa distribución de bienes reduciría las crecientes discrepancias de los niveles de vida tan notables entre los ricos y los pobres. Una carencia de infraestructura cultural y una siempre presente censura han encausado a que los artistas más críticos del status quo a recurrir a la fotocopia y la mimeotecnología para la reproducción de su trabajo, así como al servicio postal internacional para su diseminación.
Finalmente, la actual preocupación entre los teóricos latinoamericanos se centra alrededor del posmodernismo en el arte experimental, y cómo la fragmentación, el pluralismo, las perspectivas múltiples, el reciclaje de la historia y todo el rango de las estrategias posmodernistas aparecen en el mejor trabajo de poesía visual que se realiza en Latinoamérica.
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Tomado de aquì
por Harry Polkinhorn, 1997
Latinoamérica nos provee con una gran cantidad de ejemplos de una muy rica tradición en poesía visual. De hecho, una de las más importantes e influyentes contribuciones a la poesia visual internacional, la poesía concreta, fue inventada en Brasil. La primera exhibición de este trabajo fue llevada a cabo en Sao Paulo en diciembre de 1956. Como un antecedente al experimentalismo poético en general, uno sólo tiene que citar los diversos movimientos de vanguardia que tuvieron prominencia en Latinoamerica.
El creacionismo (1916) cuyos adeptos incluían a Pierre Reverdy en Francia y Vicente Huidobro, Gerardo Diego y Juan Lerrea, tuvieron una visión semi mística de los poderes divinos del poeta. Cercanamente relacionados se encontraban los ultraístas, conformado por siete poetas influenciados por Mallarme: Guillermo de Torre, Xavier Bóveda, César Comet, Pedro Garfias, Fernando Caballero, J. Rivas Panegas y J. de Aroca. Elaboraron su Manifiesto vertical ultraista en 1920 y publicaron sus trabajos en su revista Ultra en 1921 y 1922.
El estridentismo fue un movimiento mexicano cuyo principal proponente, Manuel Maples Arce, publicé Andamios interiores y Urbe en 1922 y 1924. Otros en este movimiento fueron Salvador Gallardo, Luis Quintanilla, Germán List Arzubide y Arqueles Vela. El estridentismo buscaba una mezcla de futurismo, dadaísmo y surrealismo con elementos de revolución social. El 'grupo sin grupo', los Contemporáneos, que datan de los veintes, tomaron una aproximación un poco más tradicional hacia la poesía. Las vanguardias históricas (dadaísmo, futurismo, surrealismo, cubismo, etcétera) tuvieron todas su impacto en la experimentación latinoamericana.
En una etapa posterior que empezó de los cincuentas en adelante, los latinoamericanos avanzaron más allá de las posiciones creadas por sus antecesores. El suizo boliviano Eugen Gomringer y su Constelaciones, así como su manifiesto Del verso a la constelación, fueron influyentes. Estructuras, del uruguayo Ernesto Cristiani (gestado desde 1954 y publicado en 1960), así como parte del trabajo de Mathias Goeritz, un artista alemán residente en México, fueron importantes. Goeritz organizó el primer gran trabajo de exhibición de poesía concreta fuera de Brasil, llevado a cabo en México en 1966. De los sesentas en adelante, la poesía visual fue incrementando por medio de una red de pequeñas revistas que incluyeron "Diagonal cero" y "Hexagono 71" en Argentina, "La pata de palo" así como "Ovum 10" en Uruguay. La argentina "Hoja Hoja Hoy", "Signist" y "Tucumán Arde" fueron otros grupos de esa época; asimismo surgieron los Experimentalistas de la Escuela de Caracas, el Concretismo Noigandres de Haroldo y Augusto de Campos, Decio Pignatari y Ronaldo Azeredo, así como el Neoconcretismo de Ferreira Gullar y Helio Oiticia; el Actiona Art de Clemente Padín, Wlademir Dias-Pino y su poesía de proceso, así como el arte correo internacional, forman el contexto cultural que ha nutrido la poesía visual contemporánea en latinoamérica.
Un rasgo que marca mucho del trabajo de este periodo es un conceptualismo de inflexión latina. El instituto Di Tella de Jorge Romero Brest y el Centro de Arte y Comunicación en Argentina jugaron papeles clave en el apoyo de estas corrientes. Los artistas buscaron maneras apropiadas para tratar con temas como la represión social, la pobreza, la política internacional y la contaminación ecológica, junto con otros temas. Estos artistas incluyen a Luis Pazos, Horacio Zabala, Juan Carlos Romero, Edgardo Antonio Vigo, Roberto Durarte, Jorge Gamarra, Eduardo Leonitti, Víctor Grippo, Juan Berchetche, Alfredo Portillos y muchos otros. Mencionados aquí se encuentran los proyectos conceptuales del arte correo de Liliana Porter y Luis Camnitzer en el Instituto Di Tella en Buenos Aires, y los intercambios postales de Clemente Padín, E. A. Vigo, Dámaso Ogaz, Guillermo Deisler, Pedro Lyra y otros.
La poesía visual en el presente es practicada extensamente alrededor de latinoamérica. Las exhibiciones internacionales han sido montadas en unos de los varios países que conforman esta región diversa, dichas actividades se centran principalmente en México, donde el grupo de César Espinosa, Nucleo Post-Arte, ha auspiciado un número de las Bienales Internacionales de Exhibición de Poesía Visual y Arte Alternativo (86, 88, 90, 92, 94, 96). La próxima Bienal Internacional esta fechada para 1998. Publicaciones, simposios y performances acompañan a las exhibiciones, las cuales han sido puestas en múltiples lugares y luego desplazadas en toda la república y otros lugares.
¿Qué distingue a la poesía visual de latinoamérica? ¿Comparte ésta una serie de características especiales? Por el estatus de dependencia de muchas naciones latinoamericanas, imaginaria política y económica aparece frecuentemente en la poesía visual temas sobre el medio ambiente, pobreza, deuda externa, represión militar, son la preocupación de los artistas latinoamericanos. Como todo este trabajo, implícita en sus a veces duras críticas se encuentra la visión de un mundo mejor, un mundo donde una más justa distribución de bienes reduciría las crecientes discrepancias de los niveles de vida tan notables entre los ricos y los pobres. Una carencia de infraestructura cultural y una siempre presente censura han encausado a que los artistas más críticos del status quo a recurrir a la fotocopia y la mimeotecnología para la reproducción de su trabajo, así como al servicio postal internacional para su diseminación.
Finalmente, la actual preocupación entre los teóricos latinoamericanos se centra alrededor del posmodernismo en el arte experimental, y cómo la fragmentación, el pluralismo, las perspectivas múltiples, el reciclaje de la historia y todo el rango de las estrategias posmodernistas aparecen en el mejor trabajo de poesía visual que se realiza en Latinoamérica.
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Tomado de aquì
26/1/09
Fabiàn Casas "Los titanes del Ring"
Fabiàn Casas, Argentina
„Por suerte el espíritu no tiene una sola dirección y sigue soplando donde quiere"
Fabiàn Casas
„Por suerte el espíritu no tiene una sola dirección y sigue soplando donde quiere"
Fabiàn Casas
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Poesía de Argentina,
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testimonio youtube-cero
25/1/09
Carlos Henrickson
Carlos Henrickson,
Chile.
TECNOPACHA
Una de las muestras más poderosas de la vitalidad y modernidad paradojal del viejísimo oficio poético que son menos evidentes, es la metamorfosis permanente de la imagen del autor. Nacido el oficio de una vaga penumbra en que entrevemos al poeta como aquel a cargo de la Totalidad, al poeta no le fueron extraños los status del sacerdote, del emisario de la incipiente vida cívica, del sabio, el bufón o el soldado. La cuesta abajo de la totalidad de la vida bajo los lazos de civilizaciones cada vez más reduccionistas de las imágenes y atributos del ser humano, puede leerse fácilmente en el historial de la constante sobredeterminación del autor de poesía, incluyendo ese momento en que se supuso falazmente a la poesía como una escritura y aquel en que se supuso al poeta como necesariamente comprometido o necesariamente no-comprometido. La vitalidad irreprimible del oficio poético ha barrido con todas las determinaciones que desde el segundo cielo de la cultura (un cielo falso, por supuesto) se le han querido dictar, confirmando con ello lo primordial de nuestra actividad.
Es en este sentido que Tecnopacha nos da un evento que la poesía nos entrega tan sólo de vez en cuando y en momentos en que los cambios históricos precipitan vueltas de cabeza de todo lo que era la vida conocida: la resituación del autor con respecto a la sociedad y a su obra.
Tecnopacha presenta un mundo fracturado, cuyos pasados ancestral y cercano, su presente y sus futuros utópico o catastrófico, se rebelan a toda solución de continuidad, proyectándose como instantes fragmentados que cohabitan el momento de la escritura. Este momento está lejos de ser el presente, y es importante el peso de la elección que asume Óscar: el tiempo de los eventos proféticos, en que el registro de la visión y los sucesos ocupa un destiempo urgente que acaba por frustrar toda posible diacronía. Así, la visión profética termina eligiendo la niebla en vez de la comunicación directa.
Plantear en este sentido que el hablante se asume desde la profecía es una deducción sumamente simple, que es verdadera en algún sentido, pero incompleta (y aquí creo que yace la confusión de algunos críticos al asociar de modo directo esta poesía con la mera utilización mimética del discurso profético que hace Zurita). El transcurso vital y espacial del hablante a través de una geografía traspuesta en el delirio, multiplica su posible situación, haciendo una especie de “viaje de vuelta” desde la sobredeterminación de la poesía moderna. El poeta recupera en Tecnopacha el status de estrella de rock o pop, de chamán, sacerdote, de mesías religioso o político, de líder de masas de derechas o izquierdas, de víctima o victimario, asumiendo una salvaje parodia de la totalidad ancestral del oficio. Esa totalidad degradada y ficticia es exactamente, creo, el cargamento de pólvora de Tecnopacha a nivel sociopolítico, el darse como espejo de la ilusión capitalista de falsa totalización de la existencia, lo que Guy Debord denunció en La Societé du Spectacle como espectáculo, falsa unificación de la existencia en el seno de la apariencia -una vida social desvanecida. En esa abundancia de la desposesión, la proliferación delirante de imágenes en la poética de Óscar se consuma naturalmente en lo que el mismo texto indica como el poema capitalista. Esa entrega de sí del libro como negación reproduce directamente la entrega de sí del espectáculo como negación de la vida en un espejo deforme, que deja ver el mecanismo de dominación de ese espectáculo.
De ahí la inquietud política que surge de la poética de Óscar, visible incluso en quienes no tienen el “entrenamiento” de la lectura política de textos. La visión de la fragmentación es construida con una acuciosidad del uso de un lenguaje precisamente conformado para este efecto. El que el hablante comparta este destino de degradada fragmentación del sistema socioeconómico y el sistema simbólico, pone en una crisis general todo el imaginario presentado en Tecnopacha, produciendo naturalmente el efecto abismal de un barroco postmoderno.
Profeta que no anuncia mesías, sino la sempiterna derrota de remedos de mesías impotentes y de carne y hueso, espectáculo ultrasubjetivo y despojado que refleja el espectáculo totalizante de dominación social; este decidido habitar de la contradicción en el sentido más profundo (en el de los procedimientos de creación de imagen) reafirma, como decía al principio, el carácter de manifiesta vitalidad de la poesía chilena, al asumir una nueva vuelta de tuerca en la situación del autor. Experiencia límite de deriva de sentido en la literatura, Tecnopacha y la serie de libros que vendrán pone en escena un nuevo acercamiento entre poesía y vida, más estrecho que el poema político de reivindicación desde el instante en que opera a través de negaciones. Tecnopacha marca, definitivamente, una inflexión en la poesía chilena reciente, al apuntar con decisión un punto de fuga posible hacia una poética política que se sepa deshacer de los fantasmas y lastres de la enunciación obvia. En este sentido, el paradójico carácter fundacional de la función profética se aplica en propiedad, y la necesidad de la poesía como una de las alternativas a la barbarie vuelve a ponerse en el horizonte de la literatura chilena.
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tomado de: http://henricksonbajofuego.blogspot.com/2008/12/tecnopacha-ms-all-de-una-potica-de.html
Chile.
TECNOPACHA
Una de las muestras más poderosas de la vitalidad y modernidad paradojal del viejísimo oficio poético que son menos evidentes, es la metamorfosis permanente de la imagen del autor. Nacido el oficio de una vaga penumbra en que entrevemos al poeta como aquel a cargo de la Totalidad, al poeta no le fueron extraños los status del sacerdote, del emisario de la incipiente vida cívica, del sabio, el bufón o el soldado. La cuesta abajo de la totalidad de la vida bajo los lazos de civilizaciones cada vez más reduccionistas de las imágenes y atributos del ser humano, puede leerse fácilmente en el historial de la constante sobredeterminación del autor de poesía, incluyendo ese momento en que se supuso falazmente a la poesía como una escritura y aquel en que se supuso al poeta como necesariamente comprometido o necesariamente no-comprometido. La vitalidad irreprimible del oficio poético ha barrido con todas las determinaciones que desde el segundo cielo de la cultura (un cielo falso, por supuesto) se le han querido dictar, confirmando con ello lo primordial de nuestra actividad.
Es en este sentido que Tecnopacha nos da un evento que la poesía nos entrega tan sólo de vez en cuando y en momentos en que los cambios históricos precipitan vueltas de cabeza de todo lo que era la vida conocida: la resituación del autor con respecto a la sociedad y a su obra.
Tecnopacha presenta un mundo fracturado, cuyos pasados ancestral y cercano, su presente y sus futuros utópico o catastrófico, se rebelan a toda solución de continuidad, proyectándose como instantes fragmentados que cohabitan el momento de la escritura. Este momento está lejos de ser el presente, y es importante el peso de la elección que asume Óscar: el tiempo de los eventos proféticos, en que el registro de la visión y los sucesos ocupa un destiempo urgente que acaba por frustrar toda posible diacronía. Así, la visión profética termina eligiendo la niebla en vez de la comunicación directa.
Plantear en este sentido que el hablante se asume desde la profecía es una deducción sumamente simple, que es verdadera en algún sentido, pero incompleta (y aquí creo que yace la confusión de algunos críticos al asociar de modo directo esta poesía con la mera utilización mimética del discurso profético que hace Zurita). El transcurso vital y espacial del hablante a través de una geografía traspuesta en el delirio, multiplica su posible situación, haciendo una especie de “viaje de vuelta” desde la sobredeterminación de la poesía moderna. El poeta recupera en Tecnopacha el status de estrella de rock o pop, de chamán, sacerdote, de mesías religioso o político, de líder de masas de derechas o izquierdas, de víctima o victimario, asumiendo una salvaje parodia de la totalidad ancestral del oficio. Esa totalidad degradada y ficticia es exactamente, creo, el cargamento de pólvora de Tecnopacha a nivel sociopolítico, el darse como espejo de la ilusión capitalista de falsa totalización de la existencia, lo que Guy Debord denunció en La Societé du Spectacle como espectáculo, falsa unificación de la existencia en el seno de la apariencia -una vida social desvanecida. En esa abundancia de la desposesión, la proliferación delirante de imágenes en la poética de Óscar se consuma naturalmente en lo que el mismo texto indica como el poema capitalista. Esa entrega de sí del libro como negación reproduce directamente la entrega de sí del espectáculo como negación de la vida en un espejo deforme, que deja ver el mecanismo de dominación de ese espectáculo.
De ahí la inquietud política que surge de la poética de Óscar, visible incluso en quienes no tienen el “entrenamiento” de la lectura política de textos. La visión de la fragmentación es construida con una acuciosidad del uso de un lenguaje precisamente conformado para este efecto. El que el hablante comparta este destino de degradada fragmentación del sistema socioeconómico y el sistema simbólico, pone en una crisis general todo el imaginario presentado en Tecnopacha, produciendo naturalmente el efecto abismal de un barroco postmoderno.
Profeta que no anuncia mesías, sino la sempiterna derrota de remedos de mesías impotentes y de carne y hueso, espectáculo ultrasubjetivo y despojado que refleja el espectáculo totalizante de dominación social; este decidido habitar de la contradicción en el sentido más profundo (en el de los procedimientos de creación de imagen) reafirma, como decía al principio, el carácter de manifiesta vitalidad de la poesía chilena, al asumir una nueva vuelta de tuerca en la situación del autor. Experiencia límite de deriva de sentido en la literatura, Tecnopacha y la serie de libros que vendrán pone en escena un nuevo acercamiento entre poesía y vida, más estrecho que el poema político de reivindicación desde el instante en que opera a través de negaciones. Tecnopacha marca, definitivamente, una inflexión en la poesía chilena reciente, al apuntar con decisión un punto de fuga posible hacia una poética política que se sepa deshacer de los fantasmas y lastres de la enunciación obvia. En este sentido, el paradójico carácter fundacional de la función profética se aplica en propiedad, y la necesidad de la poesía como una de las alternativas a la barbarie vuelve a ponerse en el horizonte de la literatura chilena.
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tomado de: http://henricksonbajofuego.blogspot.com/2008/12/tecnopacha-ms-all-de-una-potica-de.html
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