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2/2/09

Technopaegnia, por Julian Herbert

POÉTICAS
TECHNOPAEGNIA Y POESÍA

en Letras Libres, Febrero de 2009

POR JULIAN HERBERT


Technopaegnia es la palabra griega sugerida por Ausonio (310 d.C.) para designar la estrategia de disponer los versos según la forma del objeto en que se imprimirán: un huevo, una hacha. Estas obras son antecedente de los caligramas. No solamente de los de Tablada o Apollinaire; también de los de George Herbert en el siglo XVII y los de Acuña de Figueroa en el XIX. Son fuente de tradición. Como lo es la poesía/praxis: desde los yambos y espondeos pindáricos –a cuyo son se ejecutaban danzas olímpicas– hasta radio dramas de Brecht como El proceso de Lucullus. Producir objetos o celebrar gestos, y entramar estos y aquellos con la escritura poética, es una forma venerable de la participación lírica –les guste o no a los académicos. Y la joven poesía mexicana no ha sido indiferente a esta herencia.

Entre nosotros, tales composiciones vienen de un largo y subterráneo río que parte de Tablada y pasa por Novo, Paz, Arreola, Poesía en voz alta, Ulises Carrión, Alejandro Aura, el deslenguaje oral de Ricardo Castillo, las instalaciones plásticas y sonoras de Alberto Blanco, los poemas visuales de Myriam Moscona –por mencionar muy poco. La relativa democratización de las nuevas tecnologías, la búsqueda de alternativas estilísticas y la pauperización de la lectura en México han insuflado nueva corriente a este caudal, lo que entre los poetas más jóvenes significa un volumen de documentación más vasto y detallado que el de otras épocas. También mejores herramientas para la divulgación.

Reseño a vuelo de pájaro unos cuantos ejemplos de estos procesos.

Motín Poeta, colectivo integrado por Carla Faesler, Rocío Cerón y Mónica Nepote, publicó en CD dos antologías: Urbe probeta (2003) y Personae (2006). La primera es, casi, un disco de canciones; contiene versiones felices pero en otras la unión de voz y música me parece forzada. La segunda es un ejercicio más propositivo pero fallido: aunque cada pieza fue compuesta por un poeta y un artista sonoro distintos, el conjunto resulta repetitivo, monótono. Ambos discos adolecen de un mismo defecto: parten de versos destinados originalmente a la página, y cuyo cuerpo no fue reescrito en calidad de poesía sonora.

Este colectivo participó en el festival Poesía en Voz Alta 2006; YouTube tiene un documento en video del performance. La calidad de registro es pobrísima, pero se alcanza a discernir el montaje. Carla Faesler realizó también videopoemas (v. YouTube) cuyo leitmotiv son fotorrecortes de sí misma. Algunas de estas piezas (“Asuntos internos”, “Limbo”) me parecen admirables, no sólo por la imaginación que las sostiene sino porque fueron realizadas con mínimos recursos tecnológicos. Rocío Cerón hace también poesía visual.



Minerva Reynosa, Sergio Ernesto Ríos y Óscar David López lanzaron en 2008 “Pimp M(t)y Poetry”, con sede en Monterrey. Se valen del arte postal. Minerva y Sergio me enviaron por correo searching the toilette in juárez avenue, libro casero de poemas y aplicaciones en ejemplar único. Óscar David repartió, en un encuentro de escritores, volantes a colores con la efigie de Gerardo Deniz; solicitó luego que cada invitado escribiera unos pocos versos dedicados al autor de Erdera, a quien le fueron entregados esos materiales a la mañana siguiente. Óscar David tiene montado The Gangbang Show, espectáculo de cabaret que incluye travestismo, lectura de poemas y música electrónica.

José Eugenio Sánchez, avecindado en Monterrey, ha realizado videopoemas tipográficos en colaboración con Rubén Gutiérrez y un discurso virtual con técnica de videogame (“Pistoleros famosos”) en colaboración con Ángel Sánchez (v. YouTube). A fines de los noventa fue guionista y actor en el espectáculo de danza El asalto a las putas. En 2007 su lectura coreográfica Balada de las últimas bombas (en colaboración con Judith Téllez) fue recibida con beneplácito en un pequeño pero repleto teatro de Barcelona.

Óscar de Pablo, espléndido lector de su propia obra, obtuvo un premio de slam poetry en la ciudad de México. Desde Guadalajara, León Plascencia Ñol realiza poemas visuales: metáforas tipográficas con técnica de grabado. En esa misma ciudad viven Jorge Méndez Blake, quien ha expuesto algunas instalaciones en video basadas en lecturas de poesía; y Víctor Ortiz Partida, quien realizó en 2005 una instalación tipográfica basada en poemas de la puertorriqueña Sylvia Figueroa. En León, Guanajuato, está Eduardo Martín del Campo, autor de poemas hipertextuales. En Tijuana, Adrián Volt ha dado a conocer Una sociedad ligeramente excitada, que incluye CD con poesía y música. También en Tijuana, Omar Pimienta realizó el proyecto Librería, 180 invitaciones institucionales viejas intervenidas con textos de autores diversos (www.libreria-omarpimienta.blogspot.com). En Querétaro, Román Luján realizó hace algunos años, en colaboración con Jordi Boldó, una serie de metáforas-mueble: poemas breves impresos sobre piedras. También con piedras realiza instalaciones tipográficas el poeta michoacano Efraín Velasco. En Saltillo se fundó, a fines de 2008, el Taller de la Caballeriza (www.caballeriza.blogspot.com), colectivo que reúne a poetas, artistas plásticos, músicos, teatristas y cocineros en torno a dos principios: la capacidad transretórica de la poesía (la posibilidad de crear efectos poéticos mediante soportes alternativos, géneros híbridos y materia poética no textual) y la descripción de lo poético como realidad sintética, simultánea, múltiple y móvil.

Habría que mencionar al paso, también, proyectos cuyo afán no es la producción de obras sino la documentación y/o difusión de estos procesos: Poesía y combate de Antonio Calera, Autismo tv de Inti García Santamaría (v. YouTube), el Periódico de poesía de la UNAM, el festival Poesía en Voz Alta, entre muchísimos otros. La nómina que doy es reducida: apenas se limita a los autores con los que tengo un contacto constante.

A pesar de que estos procesos compositivos tienen aceptación y demanda por parte de algunos lectores,* la mayoría de los poetas y críticos de poesía mexicanos los rechaza. Tal rechazo esgrime dos argumentos fútiles: “eso no es poesía” y “eso no es ninguna novedad, pertenece a la estética de las viejas vanguardias”. La pobreza del primer argumento radica en su hipocresía: parece implicar que está muy bien que se haga poesía visual y poesía/praxis (después de todo se trata de procesos que se ejercen cotidianamente y que son admitidos en los más selectos círculos intelectuales) siempre y cuando a) no se les llame “poesía” y b) quien los realice tenga título de actor, pintor o artista conceptual, no de poeta. Lo que se intenta salvaguardar no es un proceso creativo sino un título nobiliario: poeta. Esto me parece un tanto cursi y digno de un burócrata, no de un creador. Hablar de poetas en tránsito formal y poesía en soportes no convencionales me parece importante: lo considero vía para dar un sentido más puro a una de las palabras de la tribu.

El segundo argumento no es menos endeble, pero sin duda es más perverso: pretende que la experiencia material de los poetas es patrimonio exclusivo de las vanguardias históricas. Afirmación que quizás esté a la altura de don Ignacio de Luzán, pero que suena obtusa y hasta inmoral de cara al yonque tecnológico en que se convertirá el siglo XXI. No me parece imprudente citar aquí a Platón: “el castigo mayor es ser gobernado por otro más perverso, y es por temor a este castigo que gobiernan, cuando gobiernan, los hombres de bien”. Si algunos poetas hemos aprendido a usar Vegas o After Effects después de haber ejercitado el dáctilo es porque la poesía no es un pasatiempo: es una guerra espiritual con y por el mundo. En cualquier caso, negar que la technopaegnia y la poesía/praxis son parte de la tradición no es conservadurismo: es llana ignorancia.

El ninguneo que usualmente rodea en México a la poesía visual, sonora y activa empobrece nuestra vida intelectual. Lo que falta, a mi juicio, es una mayor crítica y autocrítica de estos procesos compositivos. Una crítica dura, seria, que tome en cuenta lo mismo la dimensión técnica y material (el empleo de herramientas retóricas alternativas) que la conceptual y emotiva. Pero que acepte también, como principio, que existen estructuras paratextuales a las que el nombre que mejor les conviene es el de poemas.

30/1/09

Tribulaciones del poeta Actual

Una interesante disertaciòn sobre la poesìa y lo latinoamericano por Malva Flores

En ocasión de una charla sobre Sergio Pitol en China, en el año 2000 Jorge Volpi declaró que “los intercambios literarios entre los países latinoamericanos son limitadísimos, tanto, que diría que el concepto de literatura latinoamericana no existe, sólo une el idioma". Esta idea ocupa todavía al narrador en su reciente libro de ensayos, Mentiras contagiosas (Páginas de espuma, 2008), y forma parte de aquella arenga grupal, nacida en 1996, cuando por primera vez se da a conocer el Manifiesto Crack durante la presentación de los libros de quienes formarían parte de un grupo que fundó su existencia a partir, entre otras cosas, de un deslinde del boom latinoamericano. Sus novelas, particularmente las del propio Volpi, Ignacio Padilla y Vicente Herrasti hicieron gala de un “cosmopolitismo” que intentaba asegurar, para la narrativa, que ya éramos, al menos los mexicanos, “ciudadanos del mundo”.


¿Qué tiene que ver Volpi con los problemas del poeta actual? Nada y de soslayo, mucho. Esa historia, podrán decirme, ha sido revisada cientos de ocasiones y pertenece al ámbito de la narrativa y tal vez de la mercadotecnia. Sin embargo, las tribulaciones del poeta actual de algún modo no impreciso está ligada a estos acontecimientos de los que el crack es ya sólo un episodio reservado a la academia y la avalancha publicitaria sobre la nueva narrativa hispanoamericana, con sus altos tirajes, las giras globales de autores, los sustanciosos premios y la competencia entre los consorcios editoriales son el pan nuestro de cada día. Los alteros de novelas se suceden en las mesas de novedades como edificios cuyo próximo derrumbe augura el nacimiento de otra, similar y fugaz, pila de libros. “No son aves, sino libros de paso” aseguraba Paz a finales de los ochenta, y aún no existía la explosión de hoy.

Si uno lee Mentiras contagiosas, advierte que Volpi ha seguido a pie juntillas sus propios preceptos sobre la narrativa y lo que llama “cosmopolitismo” (curiosamente retomando algunas ideas de un poeta admirado por Volpi: Jorge Cuesta) y que, efectivamente, sus novelas no intentan exaltar un color local, repudiado por folklórico y sí, en cambio, dar voz a personajes del mundo global, de la historia occidental, etcétera. A su juicio no son más, los latinoamericanos, aquellos personajes que van a París y se deslumbran o que exhiben las miserias y esplendores de su Macondo habitual. Exotismo al revés, ahora los latinoamericanos van a Europa para enseñarles lo que Europa es. Pero, más allá de estos comentarios nacidos seguramente del resentimiento, lo que queda expuesto en el libro de Volpi (y no tendría por qué ser de otra manera), es una ausencia. La literatura es la narrativa. La poesía ha desaparecido.

Volpi marca el fin de la novela latinoamericana (entiéndase, la narrativa del Boom y sus secuelas) con la aparición de Roberto Bolaño, esa marca registrada por Anagrama. Resulta curioso que un poeta, Bolaño, haya provocado esa “epidemia”, en palabras de Volpi. El chileno habla de poetas como habla de tantas cosas, pero si uno revisa la narrativa contemporánea podrá observar que muchos autores (el propio Bolaño, Juan Villoro, Álvaro Enrigue, Enrique Serna, Jorge Edwards, Mario Bellatín, Francisco Goldman o incluso Saramago o Tabucchi, por mencionar sólo algunos) ven en la imagen del poeta un asunto novelable. Así convertido en personaje o idea, imagino el destino de los poetas constreñido a representar una especie casi extinta, algo así como el Tiranosaurio; un elemento exótico, el único personaje que aún siendo grotesco, o quizá porque lo es, se ha convertido en parodia del héroe y puebla el Jurassic Park de los novelistas.


La extinción del poeta sería, entonces, el verdadero problema del poeta actual. No hay Greenpeace para poetas y su defensa puede convertirse sólo en asunto de otra novela. Otra cosa es la poesía, pero suelen confundirse.

Defender a la poesía es como defender a las piedras pulidas por el río o a las piedras mismas de la civilización. Sin embargo, recurrentemente en la historia aparece de nuevo la pregunta ¿cuál es el futuro de la poesía? ¿tiene futuro? Tal pareciera como si, de trecho en trecho, el espacio de la poesía, su lugar de convivencia y alcance, fuera sólo el cubículo. Etiquetada por el mercado como “artículo en desuso”, la poesía desaparece de los anaqueles y se refugia en ediciones marginales, o ediciones de autor, que viene a ser lo mismo. Pasa de mano en mano. Pero, ¿cuándo ha sido diferente? Si pensamos que Mallarmé editó una antología de su obra en 1887 y tiró 40 ejemplares o que Rimbaud pagó la edición de Una temporada en el infierno, no deberíamos asombrarnos. La primera edición de La alegría, de Ungaretti, fue de ochenta ejemplares; la de Las flores del mal, fue de un poco más de mil.

Pero los poetas, al menos los mexicanos, se quejan. No hay espacio para la poesía. Como una forma de sobrevivencia, en México algunos poetas se han refugiado en la academia como un injerto anómalo. Han fatigado las arduas galeras, diría Borges; venden enciclopedias o tacos. Se esconden tras la silla burócrata, diseñan camisetas, llaveritos; hacen largas filas en pos de una beca. Pero, ¿alguna vez fue distinto? Los poetas siempre se quejan. En México, al menos, ya no hay suplementos literarios; la crítica de poesía, la crítica viva, prácticamente ha desaparecido y las —cada vez menos— revistas literarias, incluyen la poesía en sus páginas como se pone un florero en la sala. No ocurre así en otros lados quizá porque, alejada del estipendio oficial, la poesía ha recorrido el camino que ha sido siempre suyo desde el inicio de la modernidad: el margen, no como marginalidad, sino como el resultado de una decidida voluntad minoritaria que ve en el poema no un artículo de consumo, sino una forma viva de duración.


Sin embargo, desde hace más o menos una década, los poetas más jóvenes han emprendido otro derrotero que no es sino el más antiguo, modificado ahora en su versión global. Mientras suceden las ferias, se premian y promocionan a los narradores, se realizan giras cosmopolitas, los poetas relegados de su lugar público regresan a lo privado, aunque en formas quizá contradictorias. Avecindados en Facebook, MySpace, o en los innumerables blogs que pueblan la red, los poetas hacen de lo privado cosa pública. Reanudan pues, aunque aún torpemente, una conversación que antes estaba destinada al salón, al café o a las revistas. Silenciosamente para el mundo del mercado, se realizan festivales, se crean redes en la red, aparecen editoriales independientes. Y sucede algo que, al menos, pone en entredicho aquellas palabras de Volpi en China donde asegura que “Los intercambios literarios entre los países latinoamericanos son limitadísimos”.

Los jóvenes poetas piensan otra cosa. Para hablar del movimiento actual de la poesía latinoamericana habría que trasladarse, y tampoco es algo nuevo, hacia el cono sur del continente para ver sus orígenes. Los nombres de Washington Cucurto (seudónimo de Santiago Vega), Martín Gambarotta, Sergio Raimondi, Cristian De Nápoli, Gabriela Bejerman; los chilenos Alejandra del Río y Germán Carrasco y un alemán, Timo Berger, son varios de los muchos nombres que constituyen esa red poética de la que hablaba atrás y que tiene su centro de irradiación en varios festivales como el “Latinale”, de Alemania; “Poquita fe”, en Chile, “Salida al mar” en Argentina, o en las innumerables antologías virtuales que van agrupando poetas latinoamericanos, entre las que destaca el proyecto Las afinidades electivas, las elecciones afectivas, promovida por el poeta argentino Alejandro Méndez, a través de los blogs. En México, la integración a estas redes se ha venido realizando cada vez con mayor frecuencia y ya son bastantes los poetas que con sus ediciones o trabajo han ingresado a las listas o han asistido a estos festivales. De entre los poetas que en México siguen esta corriente podemos mencionar a Rocío Cerón, Carla Faesler, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, entre varios otros; así como destacan las ediciones El billar de Lucrecia, la agrupación Motín Poeta, el “Slam poético de la colonia Roma” y el “Campeonato nacional de verso libre”, cuya final —me cuenta Sergio Valero— se disputó en un cuadrilátero con narración en vivo.

Hartos de Paz, Octavio —“una gran loza que al fin se nos quitó de encima”, han dicho algunos—; de Juarroz —de quien nadie se acuerda en Argentina, aseguran otros—; de Borges —"¿Cómo le voy a creer a un ciego que lee?", en palabras de Cucurto— o de Gonzalo Rojas; estos poetas, cuya gran mayoría no ha cumplido los treinta y cinco años (fecha oficial para dejar de ser joven en México), confían en la dudosa novedad del Spoken Word, alimentan la idea de realizar lecturas de poesía como los antiguos aedas; hacen videopoemas, intervenciones, performances y creen más que en las mentiras contagiosas, en la contaminación de los lenguajes artísticos a partir de un vínculo con el lenguaje poético. Así como abominan de aquellos padres poéticos, han encumbrado a autores como Roberto Echavarren, Diego Maqueira, Nicanor Parra, y en México a Gerardo Deniz o David Huerta.


No por casualidad los nombres de sus agrupaciones, festivales y títulos (recientemente el Billar de Lucrecia ha publicado la antología Nosotros que nos queremos tanto), aluden a una condición popular donde, se cree, pueden encontrarse las raíces de la asimilación con un público para quien la poesía había dejado de significar algo. Pero ese público, esos posibles lectores, no son otros que los mismos poetas de siempre, ahora como grupo latinoamericano, leyéndose, juzgándose, peleándose y, acaso, conversando.

“Después del boom hay mucho más. En búsqueda de una nueva América Latina y de su poesía joven”, anunciaba la página web de Latinale para su edición 2007. También puede leerse que en el encuentro “entrará en acción una guagua lírica, un bus literario. Esa camioneta interurbana –llamada colectivo, micro, guagua, bondi o camello en Latinoamérica—, se convertirá en el bus de Latinale que servirá como una metáfora movediza y pondrá de manifiesto el nuevo desarrollo transnacional de la comunidad poética (latinoamericana) citada en Europa.” La idea gregaria, comunal, de los poetas latinoamericanos actuales no puede ser más evidente.


Como mi intervención se llama “Tribulaciones del poeta actual” no voy a hablar de la obra de estos poetas. Sus discusiones y propuestas requerirían de un espacio mayor. Señalo sin embargo otra cuestión. Cuando surge la pregunta ¿tiene futuro la poesía?, existe una sospecha implícita. “La poesía está en crisis”. Las actividades y actitudes de estos jóvenes poco dicen, por sí mismas, de la naturaleza de su lenguaje poético. Recientemente, sin embargo, y para el caso concreto de México, Heriberto Yépez ha comentado en relación con el Spoken Word y otras de esas prácticas: “Al spoken word se llega cuando: 1) hay carencia de buena poesía, 2) no se tiene una solución real, 3) se disfraza la crisis haciendo shows populistas.”


Lo cierto es que cada generación tiene su manera de plantarse en el mundo, aunque esta forma sea tan vieja como las piedras de la civilización. Como pertenezco a la última generación que no vio en Paz sólo a una loza, no tengo más remedio que citarlo: “Vivimos una vuelta de los tiempos: no una revolución sino, en el antiguo y más profundo sentido de la palabra, una revuelta. Un regreso al origen que es, asimismo, un volver al principio. No asistimos al fin de la historia, como ha dicho un profesor norteamericano, sino a un recomienzo (…). La poesía no busca la inmortalidad, sino la resurrección”. Habría que recordar, sin embargo, que “la poesía es el antídoto de la técnica y el mercado. A eso se reduce lo que podría ser, en nuestro tiempo y en el que llega, la función de la poesía. ¿Nada más? Nada menos”.


No quisiera terminar sin comentar algo. Mientras me preocupaba por la manera de concluir esta charla, entré en mi página de Facebook. Me había negado a ingresar a ese circuito donde uno escribe en “muros virtuales” —grafiti cibernético que aún me produce la sensación de estar hablando con la pared—, pero un impulso de renovación un tanto cuanto patético me llevó a aceptar la invitación de rigor. En mi “acción de estado” escribí, como vi que se hacía, lo que en ese momento me estaba aconteciendo. Mi mensaje era el siguiente: “Malva intenta escribir una ‘ponencia’ sobre las tribulaciones del poeta actual”. Pocos minutos después el poeta Aurelio Asiain —un viejo amigo que ahora ejerce como profesor en alguna universidad nipona—, escribió en mi muro: “La primera de las cuales es tener que escribir ‘ponencias’ y usar la palabrita.”

Al parecer, la tribulación sólo es mía.
Publicado por Malva Flores en 10:03
Etiquetas: Aurelio Asiain, Jorge Volpi, Poesía latinoamericana, Poetas mexicanos, Spoken Word


Tomado de: aquì

27/1/09

Poesìa Visual en latinoamèrica

POESIA VISUAL EN LATINOAMERICA

por Harry Polkinhorn, 1997



Latinoamérica nos provee con una gran cantidad de ejemplos de una muy rica tradición en poesía visual. De hecho, una de las más importantes e influyentes contribuciones a la poesia visual internacional, la poesía concreta, fue inventada en Brasil. La primera exhibición de este trabajo fue llevada a cabo en Sao Paulo en diciembre de 1956. Como un antecedente al experimentalismo poético en general, uno sólo tiene que citar los diversos movimientos de vanguardia que tuvieron prominencia en Latinoamerica.

El creacionismo (1916) cuyos adeptos incluían a Pierre Reverdy en Francia y Vicente Huidobro, Gerardo Diego y Juan Lerrea, tuvieron una visión semi mística de los poderes divinos del poeta. Cercanamente relacionados se encontraban los ultraístas, conformado por siete poetas influenciados por Mallarme: Guillermo de Torre, Xavier Bóveda, César Comet, Pedro Garfias, Fernando Caballero, J. Rivas Panegas y J. de Aroca. Elaboraron su Manifiesto vertical ultraista en 1920 y publicaron sus trabajos en su revista Ultra en 1921 y 1922.

El estridentismo fue un movimiento mexicano cuyo principal proponente, Manuel Maples Arce, publicé Andamios interiores y Urbe en 1922 y 1924. Otros en este movimiento fueron Salvador Gallardo, Luis Quintanilla, Germán List Arzubide y Arqueles Vela. El estridentismo buscaba una mezcla de futurismo, dadaísmo y surrealismo con elementos de revolución social. El 'grupo sin grupo', los Contemporáneos, que datan de los veintes, tomaron una aproximación un poco más tradicional hacia la poesía. Las vanguardias históricas (dadaísmo, futurismo, surrealismo, cubismo, etcétera) tuvieron todas su impacto en la experimentación latinoamericana.

En una etapa posterior que empezó de los cincuentas en adelante, los latinoamericanos avanzaron más allá de las posiciones creadas por sus antecesores. El suizo boliviano Eugen Gomringer y su Constelaciones, así como su manifiesto Del verso a la constelación, fueron influyentes. Estructuras, del uruguayo Ernesto Cristiani (gestado desde 1954 y publicado en 1960), así como parte del trabajo de Mathias Goeritz, un artista alemán residente en México, fueron importantes. Goeritz organizó el primer gran trabajo de exhibición de poesía concreta fuera de Brasil, llevado a cabo en México en 1966. De los sesentas en adelante, la poesía visual fue incrementando por medio de una red de pequeñas revistas que incluyeron "Diagonal cero" y "Hexagono 71" en Argentina, "La pata de palo" así como "Ovum 10" en Uruguay. La argentina "Hoja Hoja Hoy", "Signist" y "Tucumán Arde" fueron otros grupos de esa época; asimismo surgieron los Experimentalistas de la Escuela de Caracas, el Concretismo Noigandres de Haroldo y Augusto de Campos, Decio Pignatari y Ronaldo Azeredo, así como el Neoconcretismo de Ferreira Gullar y Helio Oiticia; el Actiona Art de Clemente Padín, Wlademir Dias-Pino y su poesía de proceso, así como el arte correo internacional, forman el contexto cultural que ha nutrido la poesía visual contemporánea en latinoamérica.

Un rasgo que marca mucho del trabajo de este periodo es un conceptualismo de inflexión latina. El instituto Di Tella de Jorge Romero Brest y el Centro de Arte y Comunicación en Argentina jugaron papeles clave en el apoyo de estas corrientes. Los artistas buscaron maneras apropiadas para tratar con temas como la represión social, la pobreza, la política internacional y la contaminación ecológica, junto con otros temas. Estos artistas incluyen a Luis Pazos, Horacio Zabala, Juan Carlos Romero, Edgardo Antonio Vigo, Roberto Durarte, Jorge Gamarra, Eduardo Leonitti, Víctor Grippo, Juan Berchetche, Alfredo Portillos y muchos otros. Mencionados aquí se encuentran los proyectos conceptuales del arte correo de Liliana Porter y Luis Camnitzer en el Instituto Di Tella en Buenos Aires, y los intercambios postales de Clemente Padín, E. A. Vigo, Dámaso Ogaz, Guillermo Deisler, Pedro Lyra y otros.

La poesía visual en el presente es practicada extensamente alrededor de latinoamérica. Las exhibiciones internacionales han sido montadas en unos de los varios países que conforman esta región diversa, dichas actividades se centran principalmente en México, donde el grupo de César Espinosa, Nucleo Post-Arte, ha auspiciado un número de las Bienales Internacionales de Exhibición de Poesía Visual y Arte Alternativo (86, 88, 90, 92, 94, 96). La próxima Bienal Internacional esta fechada para 1998. Publicaciones, simposios y performances acompañan a las exhibiciones, las cuales han sido puestas en múltiples lugares y luego desplazadas en toda la república y otros lugares.

¿Qué distingue a la poesía visual de latinoamérica? ¿Comparte ésta una serie de características especiales? Por el estatus de dependencia de muchas naciones latinoamericanas, imaginaria política y económica aparece frecuentemente en la poesía visual temas sobre el medio ambiente, pobreza, deuda externa, represión militar, son la preocupación de los artistas latinoamericanos. Como todo este trabajo, implícita en sus a veces duras críticas se encuentra la visión de un mundo mejor, un mundo donde una más justa distribución de bienes reduciría las crecientes discrepancias de los niveles de vida tan notables entre los ricos y los pobres. Una carencia de infraestructura cultural y una siempre presente censura han encausado a que los artistas más críticos del status quo a recurrir a la fotocopia y la mimeotecnología para la reproducción de su trabajo, así como al servicio postal internacional para su diseminación.

Finalmente, la actual preocupación entre los teóricos latinoamericanos se centra alrededor del posmodernismo en el arte experimental, y cómo la fragmentación, el pluralismo, las perspectivas múltiples, el reciclaje de la historia y todo el rango de las estrategias posmodernistas aparecen en el mejor trabajo de poesía visual que se realiza en Latinoamérica.


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Tomado de aquì