Edson Pizarro,
Chile,
Poemas
LOS RINCONES
TAMBIÉN SE ALIMENTAN DE RECUERDOS
Es raro ver como esta silla se convierte en ataúd
En esta casa no sólo el tejado es de vidrio
sino también las paredes, las columnas,
el retrato del abuelo que se destiñe
como se destiñe siempre el color de las cosas
cuando cuelgan de la pared
El guardapolvos se desliza cual serpiente por los rincones
esquivando la vitrina y mesa de centro
Ceniceros, postales, figuas de loza:
Recuerdos de un lugar que nunca has visitado
Todos somos extranjeros cuando apagamos el televisor.
*
TRES PARTES
Metes las manos en los bolsillos
encuentras un cigarrillo quebrado en tres partes
Y lo curioso es que no fumas.
Tratas de recordar y vienen a tu mente
un encendedor con la piedra gastada,
ceniceros de mar humeante,
vasos plásticos, botellas de cerveza.
Estás rodeado de gente,
no has bebido demasiado
la compañia es agradable
pero te vas sin dar explicaciones.
Caminas
Noche, faros, gente, autos, frío, mucho frío
Metes las manos en tus bolsillos
buscando un puñado de calor
Pero encuentras un cigarro quebrado en tres partes
y sabes que no te pertenece
Da lo mismo, lo armas como sea
Pides fuego prestado
te detienes a esperar cualquier cosa
y lo único que sucede
es que estás sentado en una banca de plaza
fumando un cigarrillo sin historia.
___
Poema tomado de: http://lagrancapital.blogspot.com/2006/01/edson-pizarro.html
26/8/08
25/8/08
Daniel Saldaña París
Daniel Saldaña París (Ciudad de México, 1984)
POEMAS
TIBIOS LODOS (fragmentos)
En el Sur abunda el lodo y el murmullo,
un idioma te hace uno con la niebla,
el sudor es un estado que domina y una mano que te aprieta la cintura.
En la selva hay como niños que no duermen:
se amamantan de la sombra de una loba,
comen musgo los domingos
sin saber el nombre exacto de los días.
[…]
No los charcos abundantes de un camino hecho de barro,
ni la tórrida membrana que une al hijo con su madre…
lo salvaje es el mutismo tras mi puerta,
la sombra que la lengua de ninguna luz alcanza.
El poema es un suburbio de la noche
donde sólo se escucha
el aullido de los perros más oscuros.
Cocodrilos en el fondo de mi sangre.
Cocodrilos madurando en la humedad, emergiendo de semillas que son uñas.
Venecia es el silencio detrás de mi puerta.
ARENA DE LA COSTA GRANDE (fragmentos)
Tus pies tienen la edad de lo que sangra
tumefactos por el sol y los insectos
agrietados por la sal y los andares.
Tus pies tienen la espera como un signo tatuado
y se revuelven en la gruta de los ogros
-avispas o lagartos que te piensan.
Tus pies tienen la noche como atributo
y se entumen en los cruces de caminos.
La sandía es un fruto que implota a varios metros
consumiéndose en la arena
y la asedian varios buitres que no tienen instinto.
Tus pies la miran.
La sandía es un fruto solar.
[…]
Las mimosas frecuentan el panteón y lo hacen estallar en buitres.
Una mula llamada Salomé
frota su lomo con la estrella del frío
y es consentida por todas las viudas.
Tú no eres consentido por todas las viudas
pero los números del dominó articulan tu silencio.
Miras a la mula con fastidio
y recuerdas que tu amante es una anémona.
Don Enrique insiste para que escribas la historia de su abuelo:
era revolucionario
y pescó un huracán llamado Tara
hoy atado en la casa de su prima.
Arturo que también es pariente
evita hablar del Norte.
Tu brújula es un niño que perdió la cordura
y corre por la playa.
[…]
Piensas en un reloj de múltiples arenas
y en hombres albinos acurrucados en la nieve.
Piensas en trenes teñidos de blanco
y la flor de la cicuta germina en el vertedero.
Piensas en accidentes mortales.
___
Poemas tomados de: http://laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/2007/03/daniel-saldaa.html
POEMAS
TIBIOS LODOS (fragmentos)
En el Sur abunda el lodo y el murmullo,
un idioma te hace uno con la niebla,
el sudor es un estado que domina y una mano que te aprieta la cintura.
En la selva hay como niños que no duermen:
se amamantan de la sombra de una loba,
comen musgo los domingos
sin saber el nombre exacto de los días.
[…]
No los charcos abundantes de un camino hecho de barro,
ni la tórrida membrana que une al hijo con su madre…
lo salvaje es el mutismo tras mi puerta,
la sombra que la lengua de ninguna luz alcanza.
El poema es un suburbio de la noche
donde sólo se escucha
el aullido de los perros más oscuros.
Cocodrilos en el fondo de mi sangre.
Cocodrilos madurando en la humedad, emergiendo de semillas que son uñas.
Venecia es el silencio detrás de mi puerta.
ARENA DE LA COSTA GRANDE (fragmentos)
Tus pies tienen la edad de lo que sangra
tumefactos por el sol y los insectos
agrietados por la sal y los andares.
Tus pies tienen la espera como un signo tatuado
y se revuelven en la gruta de los ogros
-avispas o lagartos que te piensan.
Tus pies tienen la noche como atributo
y se entumen en los cruces de caminos.
La sandía es un fruto que implota a varios metros
consumiéndose en la arena
y la asedian varios buitres que no tienen instinto.
Tus pies la miran.
La sandía es un fruto solar.
[…]
Las mimosas frecuentan el panteón y lo hacen estallar en buitres.
Una mula llamada Salomé
frota su lomo con la estrella del frío
y es consentida por todas las viudas.
Tú no eres consentido por todas las viudas
pero los números del dominó articulan tu silencio.
Miras a la mula con fastidio
y recuerdas que tu amante es una anémona.
Don Enrique insiste para que escribas la historia de su abuelo:
era revolucionario
y pescó un huracán llamado Tara
hoy atado en la casa de su prima.
Arturo que también es pariente
evita hablar del Norte.
Tu brújula es un niño que perdió la cordura
y corre por la playa.
[…]
Piensas en un reloj de múltiples arenas
y en hombres albinos acurrucados en la nieve.
Piensas en trenes teñidos de blanco
y la flor de la cicuta germina en el vertedero.
Piensas en accidentes mortales.
___
Poemas tomados de: http://laseleccionesafectivasmexico.blogspot.com/2007/03/daniel-saldaa.html
25/7/08
Eduardo Padilla
Eduardo Padilla, Vancouver 1976
Poemas
Un ave cae
Un ave cae.
No él ave, o la
ésta es sencilla,
anónima desde el huevo.
Acaso se desploma, se sumerge, se hace bomba,
pero concordamos en que un descenso
se está dando.
El reverso de esta carta sería preguntarle al gusano por el ave
que viene a incomodarlo:
“El ave asciende” dirá,
piadoso.
Si yo digo que un ave cae
lo digo sencillo
sin mayor aspiración
que realizar un ligero asentimiento.
Cuando la muerte toque a mi puerta
la recibiré con tan ligero asentimiento
que la haré sentir que realizó el viaje en balde.
Es de mala educación, cortar a la mitad la broma de tu vecino.
Adelantarse al desenlace de un circuito ya oído.
Lo correcto es fingir sorpresa.
Si yo digo que un ave cae es porque aspiro a lo incorrecto.
Ni el objeto ni la acción son aquí nada (algo) más allá de si mismos.
Un ave cae, cierto, pero esta ave en particular no nos invita
a proyectar arcadas a diestra y siniestra.
La palabra infinito no será proferida en este vestíbulo,
sin importar cuanto lustre le saque Jaime a nuestro reloj de bolsillo.
Desean tirar del arco.
Desean tirar del arco y que la flecha silbe y que la cuerda cante.
Desean que estos sonidos recorran las arcadas, levantando polvo, despertando ecos.
Desean que el mutismo de una arcada hundida en sombras sea verdaderamente
inescrutable.
Todo esto para una mayor resonancia. Ustedes desean amplificación y resonancia.
De acuerdo,
se entiende.
Pero dudo del potencial de esta ave; éste es un pájaro
que se resiste a caer de una forma que no sea llana y simple.
Si lo que buscan es pasear el bigotillo simétrico
a lo largo ancho y profundo de un caracol que se expande o se encoge,
lean a los clásicos.
___
Poema tomado de: Períodico de Poesía
Auto-retrato con escuadra
Siendo la vida una vela impertinente,
izada en la impermanencia del eje vertical
— y —
siendo la muerte una vela intermitente,
arrojando su luz negativa sobre la permanencia incontinente del eje horizontal:
tomaré mi escuadra y tocaré el arpa en silencio,
como quien finge decir algo urgente detrás de un cristal blindado,
bien sabiendo de antemano
que no hay sordomudos en el área.
___
Poema tomado de: Las elecciones afectivas
Poemas
Un ave cae
Un ave cae.
No él ave, o la
ésta es sencilla,
anónima desde el huevo.
Acaso se desploma, se sumerge, se hace bomba,
pero concordamos en que un descenso
se está dando.
El reverso de esta carta sería preguntarle al gusano por el ave
que viene a incomodarlo:
“El ave asciende” dirá,
piadoso.
Si yo digo que un ave cae
lo digo sencillo
sin mayor aspiración
que realizar un ligero asentimiento.
Cuando la muerte toque a mi puerta
la recibiré con tan ligero asentimiento
que la haré sentir que realizó el viaje en balde.
Es de mala educación, cortar a la mitad la broma de tu vecino.
Adelantarse al desenlace de un circuito ya oído.
Lo correcto es fingir sorpresa.
Si yo digo que un ave cae es porque aspiro a lo incorrecto.
Ni el objeto ni la acción son aquí nada (algo) más allá de si mismos.
Un ave cae, cierto, pero esta ave en particular no nos invita
a proyectar arcadas a diestra y siniestra.
La palabra infinito no será proferida en este vestíbulo,
sin importar cuanto lustre le saque Jaime a nuestro reloj de bolsillo.
Desean tirar del arco.
Desean tirar del arco y que la flecha silbe y que la cuerda cante.
Desean que estos sonidos recorran las arcadas, levantando polvo, despertando ecos.
Desean que el mutismo de una arcada hundida en sombras sea verdaderamente
inescrutable.
Todo esto para una mayor resonancia. Ustedes desean amplificación y resonancia.
De acuerdo,
se entiende.
Pero dudo del potencial de esta ave; éste es un pájaro
que se resiste a caer de una forma que no sea llana y simple.
Si lo que buscan es pasear el bigotillo simétrico
a lo largo ancho y profundo de un caracol que se expande o se encoge,
lean a los clásicos.
___
Poema tomado de: Períodico de Poesía
Auto-retrato con escuadra
Siendo la vida una vela impertinente,
izada en la impermanencia del eje vertical
— y —
siendo la muerte una vela intermitente,
arrojando su luz negativa sobre la permanencia incontinente del eje horizontal:
tomaré mi escuadra y tocaré el arpa en silencio,
como quien finge decir algo urgente detrás de un cristal blindado,
bien sabiendo de antemano
que no hay sordomudos en el área.
___
Poema tomado de: Las elecciones afectivas
Hernán Bravo Varela
Hernán Bravo Varela (Cd. de México, 1979)
POEMAS
CHILLIDA
A Nicolás Pinkus
Entre que fue
para nosotros tanta
la puerta que se nos
habría de haber
abierto encima, estamos
aquí en medio,
llegados. Ven,
que no se cierra el aire
a sostenerse en pie,
a dar con una casa
donde sobre el espacio
para mover las cosas
del lugar que ocupaba
su vacío;
para quitar los ojos
de la llave
que abría el agua
en dos, los que quedamos
desviviéndonos
por llegar a salir.
Consistiera el quehacer
en no tapar el sol
con la palabra
que tuvo a bien
darnos en sombras
su acero sin forjar,
la voz de su incendiarse.
Ayer,
no movimos un dedo:
el alabastro estaba,
el peine que peinaba,
ese camino
de volver
a tomar el camino.
Ahora
que se le hace de noche
al mundo y a la puerta,
pasa de largo, estate
tú también,
como una aldaba. Pasa.*
*Ante la Puerta de la libertad.
RESACA
A Washington Cucurto
“En cuanto a ti, el desierto.
Suelta la música,
ábrete la carencia,
dolor, la duna franca;
cansado de pensar
lo húmedo y lo seco,
separados;
la playa o la creación
y tu cabeza.
¿No escuchas
las reverberaciones,
la bilis en el blanco
por obra de la luz
o de su espectro
que no alcanzas
porque lo de la abuela
no se toca?
Pues sí, lo que parece
un vómito
común, tu soledumbre,
su nana por la noche
del lavabo
—así de blanca y doble
tu desaparición,
así
de inútilmente puros
cráneo y hemisferios
que a fuerza de pensar
te brillan fuera—,
tan sólo fue
tu propio llamamiento.
En cuanto a ti,
que confundes
escala y escalera,
lo único
posible es el comienzo.”
___
Poemas tomados de: Sobrenaturaleza (Inédito) en Las elecciones Afectivas
POEMAS
CHILLIDA
A Nicolás Pinkus
Entre que fue
para nosotros tanta
la puerta que se nos
habría de haber
abierto encima, estamos
aquí en medio,
llegados. Ven,
que no se cierra el aire
a sostenerse en pie,
a dar con una casa
donde sobre el espacio
para mover las cosas
del lugar que ocupaba
su vacío;
para quitar los ojos
de la llave
que abría el agua
en dos, los que quedamos
desviviéndonos
por llegar a salir.
Consistiera el quehacer
en no tapar el sol
con la palabra
que tuvo a bien
darnos en sombras
su acero sin forjar,
la voz de su incendiarse.
Ayer,
no movimos un dedo:
el alabastro estaba,
el peine que peinaba,
ese camino
de volver
a tomar el camino.
Ahora
que se le hace de noche
al mundo y a la puerta,
pasa de largo, estate
tú también,
como una aldaba. Pasa.*
*Ante la Puerta de la libertad.
RESACA
A Washington Cucurto
“En cuanto a ti, el desierto.
Suelta la música,
ábrete la carencia,
dolor, la duna franca;
cansado de pensar
lo húmedo y lo seco,
separados;
la playa o la creación
y tu cabeza.
¿No escuchas
las reverberaciones,
la bilis en el blanco
por obra de la luz
o de su espectro
que no alcanzas
porque lo de la abuela
no se toca?
Pues sí, lo que parece
un vómito
común, tu soledumbre,
su nana por la noche
del lavabo
—así de blanca y doble
tu desaparición,
así
de inútilmente puros
cráneo y hemisferios
que a fuerza de pensar
te brillan fuera—,
tan sólo fue
tu propio llamamiento.
En cuanto a ti,
que confundes
escala y escalera,
lo único
posible es el comienzo.”
___
Poemas tomados de: Sobrenaturaleza (Inédito) en Las elecciones Afectivas
20/7/08
Fernando Trejo (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1985)
Fernando Trejo
(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1985)
POEMAS
Tratado de libre muerte
No, si no se trata de esto. Debes esperar como yo espero. A la salida. A tu puerta. Esperar el trago del licor más caro del supermercado. Y aguantarse. Aguantarme las ganas de orinar para no dejar de soltar palabreríos. Porque uno no se da cuenta de cuánta carne compone su máscara la muerte. Podría ser la nuestra.
No, si te digo que no se trata de esto. Es más bien un par de crueles abismos negros rellenos de vapores sosegados. Humo del viento. Calandria sin destino o con destino a nunca. Te digo de estos pasos que siento tras de mí y de esa sombra a reojo larguísima que me muerde los pies. Podría ser “La Muerte” o “El muerte”. Yo no sé de qué vagina haya nacido y si su sexo fue creado por un Dios o lamido por un Diablo. Nunca La he visto a Él. Pero se que se llama a veces “Muerte”. Y descanso. Te digo que no sé de qué se trate esto, pero ayer Doña Ofelia me habló pidiéndome un poema filoso y puntiagudo para enterrárselo en el pecho. Sucumbe este poema antes de volverse redentor de cuerpos torpes. Agoniza al filo de la hoja. Tiembla. Se desvanece. Logra desaparecer.
Bienvenida a la avenida
Bienvenida a la avenida
Nueva
recién limpia
Curada de espanto a marrazos
a mano de obra
a último borde de cemento
Dijeron en los diarios que el símbolo de la ciudad había sido destruido. Nunca encontré el símbolo de la ciudad. Me daba pena.
De los más de mil fragmentos, al menos uno partió mi corazón. Remontado a bosque para ser hachazos, cierra eléctrica. Sangre por la ciudad maldita de mi cuerpo, ahí, entre mis venas lazadas a mi cuello, existe la cal de las flores paridas debajo de las piedras. Alimentadas por la alcantarilla principal del pueblo migratorio de las ratas, del municipio fantasma de alacranes dispersos a otros lados.
Doy bienvenida a la avenida, nueva, recién limpia.
Asesinos los hombres que construyeron mis manos, estos ojos ciegos a ver las diferencias de tus nalgas. Muerto de ser, camino entre la caspa de las nubes mismas que han cubierto mi cabeza todo el tiempo. Me espero. Me subo al sol en colectivo y logro ver, ahora sí, el símbolo de la ciudad.
POEMAS TOMADOS DE:
Circuito Amor, (Red Utopía Jitanjáfora, 2002), Raíces de un Sueño, (Viento al Hombro, 2002), Por las mujeres, hermanos, escribamos, (Viento al Hombro 2005), ¿A dónde van las palabras?, (UAEM, 2006) y Alba por los caminos (UNACH, 2006).
(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1985)
POEMAS
Tratado de libre muerte
No, si no se trata de esto. Debes esperar como yo espero. A la salida. A tu puerta. Esperar el trago del licor más caro del supermercado. Y aguantarse. Aguantarme las ganas de orinar para no dejar de soltar palabreríos. Porque uno no se da cuenta de cuánta carne compone su máscara la muerte. Podría ser la nuestra.
No, si te digo que no se trata de esto. Es más bien un par de crueles abismos negros rellenos de vapores sosegados. Humo del viento. Calandria sin destino o con destino a nunca. Te digo de estos pasos que siento tras de mí y de esa sombra a reojo larguísima que me muerde los pies. Podría ser “La Muerte” o “El muerte”. Yo no sé de qué vagina haya nacido y si su sexo fue creado por un Dios o lamido por un Diablo. Nunca La he visto a Él. Pero se que se llama a veces “Muerte”. Y descanso. Te digo que no sé de qué se trate esto, pero ayer Doña Ofelia me habló pidiéndome un poema filoso y puntiagudo para enterrárselo en el pecho. Sucumbe este poema antes de volverse redentor de cuerpos torpes. Agoniza al filo de la hoja. Tiembla. Se desvanece. Logra desaparecer.
Bienvenida a la avenida
Bienvenida a la avenida
Nueva
recién limpia
Curada de espanto a marrazos
a mano de obra
a último borde de cemento
Dijeron en los diarios que el símbolo de la ciudad había sido destruido. Nunca encontré el símbolo de la ciudad. Me daba pena.
De los más de mil fragmentos, al menos uno partió mi corazón. Remontado a bosque para ser hachazos, cierra eléctrica. Sangre por la ciudad maldita de mi cuerpo, ahí, entre mis venas lazadas a mi cuello, existe la cal de las flores paridas debajo de las piedras. Alimentadas por la alcantarilla principal del pueblo migratorio de las ratas, del municipio fantasma de alacranes dispersos a otros lados.
Doy bienvenida a la avenida, nueva, recién limpia.
Asesinos los hombres que construyeron mis manos, estos ojos ciegos a ver las diferencias de tus nalgas. Muerto de ser, camino entre la caspa de las nubes mismas que han cubierto mi cabeza todo el tiempo. Me espero. Me subo al sol en colectivo y logro ver, ahora sí, el símbolo de la ciudad.
POEMAS TOMADOS DE:
Circuito Amor, (Red Utopía Jitanjáfora, 2002), Raíces de un Sueño, (Viento al Hombro, 2002), Por las mujeres, hermanos, escribamos, (Viento al Hombro 2005), ¿A dónde van las palabras?, (UAEM, 2006) y Alba por los caminos (UNACH, 2006).
31/5/08
Mónica González Velázquez, México
Mónica González Velázquez,
México
POEMAS
SUEÑOS
Un muchacho perdido,
caminó por una angosta calle
de los barrios de mi infancia,
después de ese día
nunca lo volví a ver.
RÍO-MAR
Tengo un cántaro lleno de río,
si lo toco me da risa y algo se mueve dentro;
si alguien viene a prevenirme,
diré que el agua forma lodo
pero mis manos lo creen arcilla
y es que no soy yo,
no sé como serlo;
con la arcilla puedo construirme,
pero dentro del cántaro el agua no es río.
Sal-agua, sal-llanto, sal-barro, sal.
Tengo un cántaro roto
partido a la altura del ombligo
ya no apago la luz,
me veo reflejada en espejos de agua
que visitan mis ruinas cada mes.
POEMAS TOMADOS DE:
Tríptico de desamor, Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte, A. C., México D.F., 2001
México
POEMAS
SUEÑOS
Un muchacho perdido,
caminó por una angosta calle
de los barrios de mi infancia,
después de ese día
nunca lo volví a ver.
RÍO-MAR
Tengo un cántaro lleno de río,
si lo toco me da risa y algo se mueve dentro;
si alguien viene a prevenirme,
diré que el agua forma lodo
pero mis manos lo creen arcilla
y es que no soy yo,
no sé como serlo;
con la arcilla puedo construirme,
pero dentro del cántaro el agua no es río.
Sal-agua, sal-llanto, sal-barro, sal.
Tengo un cántaro roto
partido a la altura del ombligo
ya no apago la luz,
me veo reflejada en espejos de agua
que visitan mis ruinas cada mes.
POEMAS TOMADOS DE:
Tríptico de desamor, Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte, A. C., México D.F., 2001
30/5/08
Julian Herbert
Julian Herbert,
Acapulco, 1971.
Poemas
Grafitti (1)
Porque el mundo es un letrero y la mirada
no sabe descifrar sus instrucciones.
Un letrero debajo de la lluvia
con la tinta borrosa:
la palabra “césped” cayendo al hormiguero,
la palabra “pisar” cubierta de inscripciones;
y los demás quién sabe,
lejos,
como una carta de amor
escrita en el aire con los labios.
El mundo es una canción
que se pierde en la radio sin que nadie la extrañe.
La moneda que frotaste en tus manos de niño
hasta que fuiste a la tienda y te dijeron
que ya no tenía valor porque no tenía dibujos.
El mundo es una esfera,
un escritorio y mucho polvo,
un calendario con los días decapitados;
sábados largos como una carretera
por donde se camina mientras pasan coches rápidos,
lunes y miércoles de cinta en el zapato
como si no hubiera ya bastantes nudos.
El mundo es un letrero sin vocales,
un árbol que florece detrás de la pared,
una fruta que nunca madura en nuestros patios.
El mundo es nada más
este decir
y decir
y decir
que no se escucha.
Que hablen más fuerte por favor.
___
Poema tomado de: Horizonte - UNAM
Mac Donald’s
Nunca te enamores de 1 kilo
de carne molida.
Nunca te enamores de la mesa puesta,
de las viandas, de los vasos
que ella besaba con boca de insistente
mandarina helada, en polvo:
instantánea.
Nunca te enamores de este
polvo enamorado, la tos
muerta de un nombre (Ana,
Claudia, Tania: no importa,
todo nombre morirá), una llama
que se ahoga. Nunca te enamores
del soneto de otro.
Nunca te enamores de las medias azules,
de las venas azules debajo de la media,
de la carne del muslo, esa
carne tan superficial.
Nunca te enamores de la cocinera.
Pero nunca te enamores, también,
tampoco,
del domingo: futbol, comida rápida,
nada en la mente sino sogas como cunas.
Nunca te enamores de la muerte,
su lujuria de doncella,
su sevicia de perro,
su tacto de comadrona.
Nunca te enamores en hoteles, en
pretérito simple, en papel
membretado, en películas porno,
en ojos fulminantes como tumbas celestes,
en hablas clandestinas, en boleros, en libros
de Denis de Rougemont.
En el speed, en el alcohol,
en la Beatriz,
en el perol:
nunca te enamores de 1 kilo de carne molida.
Nunca.
No.
Don Juan derrotado
Todas mis mujeres quieren estar con otro.
Me abandonan por un adolescente,
alaban a su esposo mientras yo las estrecho,
se van con periodistas,
con autistas,
con rubios bien dotados, con guerreros
y cantantes venidos de ultramar.
Todas son bárbaras, histéricas,
infieles: me acarician
con el filo azorado de un puñal de lencería
y se lanzan a bailar en la inmunda taberna
montadas en los ácidos corceles del calor.
(Siempre bailan con otro:
mi vida es un gazapo entre las pausas de la orquesta.)
Yo las deseo entrecortadamente,
como un caimán imbécil y violento
que gusta de la presa aderezada con veneno.
Yo las deseo en las cornisas más esbeltas del amor.
Abismos sucesivos y dádivas perpetuas,
sus cuerpos se prolongan en mí hasta confundirse:
una compra cortinas,
ésta me pide que por favor la abofetee,
aquélla está sentada en un parque vacío,
la mirada perdida, comiéndose un helado.
Yo les muerdo los cuellos,
les palpo cada legua de la piel,
les hablo con la piedad de un epiléptico
que habla a sus pesadillas.
Ellas no duermen nunca: su único empeño
es la traición.
Celosas. Inconstantes.
Me arrojan de sus vidas como a un príncipe azul
que es echado de la fiesta de disfraces
con nada más que un vaso desechable en la mano.
Todas me engañan. Todas.
En sus brazos,
yendo de unos a otros brazos,
me siento como César, que miraba
–mientras ardían en su pecho los cuchillos–
algunos de los rostros que más amó.
Tan claro como una tumba
para Lauréline
Oscuro como la tumba donde yace mi amigo
Malcolm Lowry
1
Una esfera lúcida: viento,
colibríes,
esquizofrenia atravesando las montañas.
El bosque a donde fuimos, aserrín
de alto voltaje derramado en la niebla
–mas sin fulminación: todo tan claro
como una tumba a ras de aurora.
Vine a morir –farsa back pack, pasa un camión
destartalado– en el ojo de un hongo alucinógeno Y tú
te reíste y quitaste con tus uñas
las bacterias:
pedacitos de piel muerta de mi cara.
Una esfera lúcida, un cántaro de espanto
comido este derrumbe.
Espié la lentitud. La arboleda desnuda
como una sibila al entrar en su baño.
Vi más abajo las cenizas
de otra sibila adulterada,
ojos en éxtasis las hojas calcinadas,
una hipodérmica vacía de cielo en su mano.
Vi el sábado incrustado
en una lágrima de velocidad.
Y no vi
los colores (mi cara en clorofila,
los látigos de sepia desgajando la madera), pero sí
el resplandor de la oscuridad.
Frases cúbicas, ideas
refractarias a su peso de fractal.
(Vi
también unas violetas.
Me consolaron
cuando estábamos allá.)
2
Compramos dos viajes de hongos
por 80 pesos.
Rentamos la cabaña por 70.
La comida también era barata.
El dinero nos ha seguido desde el norte
por todas las carreteras–
quiero decir, nos ha dejado:
[Et in]
Arcadia de meseros y de recepcionistas
con las manos amputadas en el filo del ego (en el filo
del oro).
Buitres sobrevolando la terraza del Majestic
y en el zócalo un gran buitre de lino de la patria;
billetes rojos y azules quemados en el prisma del mezcal,
billetes fuente que mana y corre aunque es de noche,
tersos billetes arrojados a la danza del paisaje desde la cima de la ruina
(el mundo es una bailarina desnuda),
viejos y grises y pálidos billetes
defenestrados al alba en canteras de euforia,
en farmacias de la Tierra Prometida:
todo el dragón del mar,
toda la simetría,
toda la luz lanzada en el azar de un cubilete
tendrán una etiqueta con su precio
en el extremo real de las apoteosis.
El dinero es la alcoba donde posamos nuestro corazón feérico,
nuestras volutas nítidas de serpiente emplumada.
Le fric est notre patrie commune,
Lauréline:
donne-moi, donne-moi ton argent.
Sé que comimos suculencias nauseabundas,
que el sinsabor de las verdades que compramos
desaparecerá. Pero nuestra vivencia
es más precisa que la fe.
3
Todos estamos muertos en San José del Pacífico.
Todos resucitamos en San José del Pacífico.
En San José del Pacífico viene a dormir la profecía, y la risa es un alambre del invierno,
y el doctor Freud es un perro lamiéndose el glande doblado sobre su propio esqueleto.
En San José del Pacífico salimos del baño para entrar en una guerra: cota de niebla,
caparazones de musgo en la respiración, cuerpos silbados en el Limbo de la flecha.
En San José del Pacífico hacen fiestas en marzo, pero en julio solamente sopla el viento:
escucha cómo fluye cada vez que lo digo: el viento, fluye el viento, escucha cómo fluye más allá de la fiesta cada vez que lo digo:
hacen fiestas en marzo, pero en julio
solamente sopla el viento.
Párpados de bonanza caen a la cara de los cadáveres en San José del Pacífico,
caen también junto a la carretera expendios de pan y botellas al tiempo,
y cae incluso el tiempo como una plancha de acero en un rastro a veces,
y a veces
como un durazno rojo.
No he visto policías en San José del Pacífico.
No he visto prostitutas.
No he visto a Dios.
En San José del Pacífico todos estamos muertos,
todos resucitamos
para beber café junto a los jipis del expendio. Hasta que viene el hongo:
la humedad, la radio-
actividad, la polución de tanta risa.
La parte más visible de la bomba.
4
[...]
Me llamo 2 de la tarde y me duele la cabeza.
(etcétera)
[...]
la expresión como un acto diletante
el balbuceo como una máquina de precisión
(toda esa retórica de callar o caer majestuosamente, etcétera)
[...]
(“mantenga su distancia
no ciegue mis manadas con
ese resplandor
(usted es mi invitado
(no mi cliente)
mantenga su distancia”))
[...]
lo que aparece en la escritura:
una versión autorizada, una
Vulgata
de la mente:
* * *
Mírate en este azul sin habla:
un cielo que parece una tabla
de tan pulido, de tan recto –tabla
de raíz de aire: callada,
tan azul. Mírate
como se mira un ciervo en el paisaje
aunque, camino de la sed, nada
le sea temblor, temor, estanque;
mírate desaparecer en los zarzales.
Una mariposa roja cruza la hondonada y,
mientras la señalas,
se engasta en el cielo sin nubes.
Un suspiro. Un incendio:
un anillo que vuela en tu dedo
hacia el interior.
* * *
Tropas de desengaño colorean –claro
como una tumba– el aire. La descomposición
encarna en lo naranja (bacteria
venenosa); debajo de este árbol
soy su caníbal: soy su reencarnación.
Raíces de agua negra,
gargajos sin sonido: escupo un lodo ácido
encima de mi amor.
San José del Pacífico, verano 2003
(Tomados del libro Kubla Khan, Era, 2005)
Acapulco, 1971.
Poemas
Grafitti (1)
Porque el mundo es un letrero y la mirada
no sabe descifrar sus instrucciones.
Un letrero debajo de la lluvia
con la tinta borrosa:
la palabra “césped” cayendo al hormiguero,
la palabra “pisar” cubierta de inscripciones;
y los demás quién sabe,
lejos,
como una carta de amor
escrita en el aire con los labios.
El mundo es una canción
que se pierde en la radio sin que nadie la extrañe.
La moneda que frotaste en tus manos de niño
hasta que fuiste a la tienda y te dijeron
que ya no tenía valor porque no tenía dibujos.
El mundo es una esfera,
un escritorio y mucho polvo,
un calendario con los días decapitados;
sábados largos como una carretera
por donde se camina mientras pasan coches rápidos,
lunes y miércoles de cinta en el zapato
como si no hubiera ya bastantes nudos.
El mundo es un letrero sin vocales,
un árbol que florece detrás de la pared,
una fruta que nunca madura en nuestros patios.
El mundo es nada más
este decir
y decir
y decir
que no se escucha.
Que hablen más fuerte por favor.
___
Poema tomado de: Horizonte - UNAM
Mac Donald’s
Nunca te enamores de 1 kilo
de carne molida.
Nunca te enamores de la mesa puesta,
de las viandas, de los vasos
que ella besaba con boca de insistente
mandarina helada, en polvo:
instantánea.
Nunca te enamores de este
polvo enamorado, la tos
muerta de un nombre (Ana,
Claudia, Tania: no importa,
todo nombre morirá), una llama
que se ahoga. Nunca te enamores
del soneto de otro.
Nunca te enamores de las medias azules,
de las venas azules debajo de la media,
de la carne del muslo, esa
carne tan superficial.
Nunca te enamores de la cocinera.
Pero nunca te enamores, también,
tampoco,
del domingo: futbol, comida rápida,
nada en la mente sino sogas como cunas.
Nunca te enamores de la muerte,
su lujuria de doncella,
su sevicia de perro,
su tacto de comadrona.
Nunca te enamores en hoteles, en
pretérito simple, en papel
membretado, en películas porno,
en ojos fulminantes como tumbas celestes,
en hablas clandestinas, en boleros, en libros
de Denis de Rougemont.
En el speed, en el alcohol,
en la Beatriz,
en el perol:
nunca te enamores de 1 kilo de carne molida.
Nunca.
No.
Don Juan derrotado
Todas mis mujeres quieren estar con otro.
Me abandonan por un adolescente,
alaban a su esposo mientras yo las estrecho,
se van con periodistas,
con autistas,
con rubios bien dotados, con guerreros
y cantantes venidos de ultramar.
Todas son bárbaras, histéricas,
infieles: me acarician
con el filo azorado de un puñal de lencería
y se lanzan a bailar en la inmunda taberna
montadas en los ácidos corceles del calor.
(Siempre bailan con otro:
mi vida es un gazapo entre las pausas de la orquesta.)
Yo las deseo entrecortadamente,
como un caimán imbécil y violento
que gusta de la presa aderezada con veneno.
Yo las deseo en las cornisas más esbeltas del amor.
Abismos sucesivos y dádivas perpetuas,
sus cuerpos se prolongan en mí hasta confundirse:
una compra cortinas,
ésta me pide que por favor la abofetee,
aquélla está sentada en un parque vacío,
la mirada perdida, comiéndose un helado.
Yo les muerdo los cuellos,
les palpo cada legua de la piel,
les hablo con la piedad de un epiléptico
que habla a sus pesadillas.
Ellas no duermen nunca: su único empeño
es la traición.
Celosas. Inconstantes.
Me arrojan de sus vidas como a un príncipe azul
que es echado de la fiesta de disfraces
con nada más que un vaso desechable en la mano.
Todas me engañan. Todas.
En sus brazos,
yendo de unos a otros brazos,
me siento como César, que miraba
–mientras ardían en su pecho los cuchillos–
algunos de los rostros que más amó.
Tan claro como una tumba
para Lauréline
Oscuro como la tumba donde yace mi amigo
Malcolm Lowry
1
Una esfera lúcida: viento,
colibríes,
esquizofrenia atravesando las montañas.
El bosque a donde fuimos, aserrín
de alto voltaje derramado en la niebla
–mas sin fulminación: todo tan claro
como una tumba a ras de aurora.
Vine a morir –farsa back pack, pasa un camión
destartalado– en el ojo de un hongo alucinógeno Y tú
te reíste y quitaste con tus uñas
las bacterias:
pedacitos de piel muerta de mi cara.
Una esfera lúcida, un cántaro de espanto
comido este derrumbe.
Espié la lentitud. La arboleda desnuda
como una sibila al entrar en su baño.
Vi más abajo las cenizas
de otra sibila adulterada,
ojos en éxtasis las hojas calcinadas,
una hipodérmica vacía de cielo en su mano.
Vi el sábado incrustado
en una lágrima de velocidad.
Y no vi
los colores (mi cara en clorofila,
los látigos de sepia desgajando la madera), pero sí
el resplandor de la oscuridad.
Frases cúbicas, ideas
refractarias a su peso de fractal.
(Vi
también unas violetas.
Me consolaron
cuando estábamos allá.)
2
Compramos dos viajes de hongos
por 80 pesos.
Rentamos la cabaña por 70.
La comida también era barata.
El dinero nos ha seguido desde el norte
por todas las carreteras–
quiero decir, nos ha dejado:
[Et in]
Arcadia de meseros y de recepcionistas
con las manos amputadas en el filo del ego (en el filo
del oro).
Buitres sobrevolando la terraza del Majestic
y en el zócalo un gran buitre de lino de la patria;
billetes rojos y azules quemados en el prisma del mezcal,
billetes fuente que mana y corre aunque es de noche,
tersos billetes arrojados a la danza del paisaje desde la cima de la ruina
(el mundo es una bailarina desnuda),
viejos y grises y pálidos billetes
defenestrados al alba en canteras de euforia,
en farmacias de la Tierra Prometida:
todo el dragón del mar,
toda la simetría,
toda la luz lanzada en el azar de un cubilete
tendrán una etiqueta con su precio
en el extremo real de las apoteosis.
El dinero es la alcoba donde posamos nuestro corazón feérico,
nuestras volutas nítidas de serpiente emplumada.
Le fric est notre patrie commune,
Lauréline:
donne-moi, donne-moi ton argent.
Sé que comimos suculencias nauseabundas,
que el sinsabor de las verdades que compramos
desaparecerá. Pero nuestra vivencia
es más precisa que la fe.
3
Todos estamos muertos en San José del Pacífico.
Todos resucitamos en San José del Pacífico.
En San José del Pacífico viene a dormir la profecía, y la risa es un alambre del invierno,
y el doctor Freud es un perro lamiéndose el glande doblado sobre su propio esqueleto.
En San José del Pacífico salimos del baño para entrar en una guerra: cota de niebla,
caparazones de musgo en la respiración, cuerpos silbados en el Limbo de la flecha.
En San José del Pacífico hacen fiestas en marzo, pero en julio solamente sopla el viento:
escucha cómo fluye cada vez que lo digo: el viento, fluye el viento, escucha cómo fluye más allá de la fiesta cada vez que lo digo:
hacen fiestas en marzo, pero en julio
solamente sopla el viento.
Párpados de bonanza caen a la cara de los cadáveres en San José del Pacífico,
caen también junto a la carretera expendios de pan y botellas al tiempo,
y cae incluso el tiempo como una plancha de acero en un rastro a veces,
y a veces
como un durazno rojo.
No he visto policías en San José del Pacífico.
No he visto prostitutas.
No he visto a Dios.
En San José del Pacífico todos estamos muertos,
todos resucitamos
para beber café junto a los jipis del expendio. Hasta que viene el hongo:
la humedad, la radio-
actividad, la polución de tanta risa.
La parte más visible de la bomba.
4
[...]
Me llamo 2 de la tarde y me duele la cabeza.
(etcétera)
[...]
la expresión como un acto diletante
el balbuceo como una máquina de precisión
(toda esa retórica de callar o caer majestuosamente, etcétera)
[...]
(“mantenga su distancia
no ciegue mis manadas con
ese resplandor
(usted es mi invitado
(no mi cliente)
mantenga su distancia”))
[...]
lo que aparece en la escritura:
una versión autorizada, una
Vulgata
de la mente:
* * *
Mírate en este azul sin habla:
un cielo que parece una tabla
de tan pulido, de tan recto –tabla
de raíz de aire: callada,
tan azul. Mírate
como se mira un ciervo en el paisaje
aunque, camino de la sed, nada
le sea temblor, temor, estanque;
mírate desaparecer en los zarzales.
Una mariposa roja cruza la hondonada y,
mientras la señalas,
se engasta en el cielo sin nubes.
Un suspiro. Un incendio:
un anillo que vuela en tu dedo
hacia el interior.
* * *
Tropas de desengaño colorean –claro
como una tumba– el aire. La descomposición
encarna en lo naranja (bacteria
venenosa); debajo de este árbol
soy su caníbal: soy su reencarnación.
Raíces de agua negra,
gargajos sin sonido: escupo un lodo ácido
encima de mi amor.
San José del Pacífico, verano 2003
(Tomados del libro Kubla Khan, Era, 2005)
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